Conflictos familiares. ¿Qué hacer si mi hijo pequeño no quiere volver del parque?

Madre en obra. Conflictos familiares. ¿Qué hacer si mi hijo pequeño no quiere volver del parque?

Cuando participamos en un conflicto familiar, lo que deseamos es resolverlo.
En este apuro, no siempre tenemos en cuenta el camino de resolución.
De hecho, en medio de la tensión, es normal que el camino nos dé lo mismo siempre que lleve a una salida y a la paz familiar.

Como no da lo mismo, necesitamos observar el camino:

Existen diferentes maneras de resolver conflictos familiares, como señalé en Resolver conflictos familiares. Comprender la historia (ver debajo de: Cómo se resuelven tradicionalmente los conflictos).  No todos los caminos llevan a un estilo de familia sano.
A la hora de resolver conflictos conviene tener presente estos dos puntos: 
  1. Cuando el conflicto es con tu hijo, no olvides que estás educando.
  2. El modo de resolución tiene consecuencias, que serán diferentes de acuerdo al camino elegido: el de ganar-perder o el de ganar-ganar.
En este artículo hablaré sobre un estilo de resolución de conflictos en que todas las partes involucradas ganan.
Y, para ello, precisas tener presente:
    • A las personas que integran el conflicto familiar.
    • Al problema del conflicto.
    • A la búsqueda de solución para el conflicto.

Las personas que integran el conflicto familiar

Lo primero a aclarar es:
  • ¿Quiénes son estas personas? 
  • ¿Qué lugar tiene cada uno en la familia?
  • ¿Cuál es el poder de cada integrante del conflicto?
  • ¿Hay otras personas que influencian la situación?
Cada participante del conflicto tiene un marco de referencia. Cada uno ve el conflicto y la solución desde un lugar particular. Y eso ocurre tanto si es un niño pequeño como un adulto. Todos tomamos una postura respecto a la salida del conflicto desde ese marco de referencia. Desde ese lugar, vemos una solución. Y luchamos por llegar a ella.

Tomaré como ejemplo un conflicto bastante común entre los padres y sus hijos pequeños: la hora de regreso de la placita o parque infantil.
  • ¿Cuál es el lugar desde donde cada uno mira la situación?
  • ¿Cuál es la solución que cada uno percibe?

Para el niño, que está en medio de una vivencia de disfrute, la solución del conflicto está en permanecer durante más tiempo allí. Desde su perspectiva, no hay otra solución.
¿Y qué te ocurre a ti? ¿desde dónde miras la situación?

Quizá tú, que tienes que pasar por el almacén antes de llegar a casa, y luego preparar la cena, bañar al niño y lo que sea que quieras hacer, estás inquieta en el parque. La solución que ves es volver.

Ahora: ¿Notas que tú también ves una única salida?
Desde el lugar que estás, la única solución es irte del parque.
Cuando observamos el conflicto desde nuestro lugar, parece que la única forma de resolución es la de ganar-perder.
Y aquí estamos en un punto de bifurcación:
  • ¿elegiremos el modo tradicional de resolución de conflicto, uno gana y otro pierde?
  • ¿buscaremos el camino alternativo?
Para pasar al camino alternativo precisamos analizar el lugar que ocupa cada uno en el entramado familiar. Este lugar determina el nivel de influencia y poder que cada uno tiene. 

Cuando uno de los integrantes tiene un lugar de influencia y poder mayor, por lo general está poco dispuesto a negociar. Si el otro participante del conflicto lo percibe, desplegará una batería de reacciones para conseguir solucionar el problema aferrado a la única salida que ve.

Para avanzar en una resolución ganar-ganar, la actitud de quienes participan en el conflicto es clave. Y, dado que no todos los integrantes de la familia disponen de las  mismas herramientas para generar una actitud a favor de la resolución, conviene que los adultos marquemos el camino.

Si el conflicto es con tu hijo pequeño, por ejemplo, eres tú -y no el niño- quien debe generar las posibilidades para canalizar emociones. Los niños pequeños aún no tienen la habilidad de canalizar sus emociones sin ayuda.

Mi sugerencia en este punto es:
  • Da voz al otro. Escucha lo que dice, evitando ser influenciada por lo que sientes o por juicios de valor hacia el comportamiento del niño.
  • Cuando el conflicto es entre tus hijos, y uno de ellos tiene más influencia o poder que el otro (y esto no depende de la edad del niño), nivela el poder de los participantes. Plantea a quien tiene la batuta que de voz al otro. Que escuche. Y esto sin resolver tú la cuestión. Habilita que se escuchen.
Una vez llegados a este punto, el del enfrentamiento y descubrir las emociones que genera, necesitamos ver cuál es el problema del conflicto. No quedarnos únicamente en la manifestación del mismo.

El problema del conflicto

Si al comienzo fue un desencuentro, a medida que el conflicto avanza se transforma en una madeja de muchos hilos enredados. Y es tal el enredo, que uno no distingue la punta para empezar a ordenar.
Volviendo a la situación del parque que tomé de ejemplo (y llevándola a un extremo). 
  • La situación nace con un Vamos a casa vs No quiero irme, y la vuelta tan campante del niño a los juegos.
  • Continúa con un gesto de tomar la mano del niño y un dije que vamos, por parte del adulto. Esto genera frustración en el niño; y la manifiesta con un berrinche.
  • La situación llama la atención de las personas que están en el parque, que miran al lugar de donde provienen los gritos. 
  • Esto provoca mayor incomodidad en el adulto, que ya no encuentra manera de calmar al hijo ni calmarse él para encontrar salidas.
El problema es TODO, tanto lo que origina el conflicto como la manifestación. Y, aunque todo está involucrado en el mismo rollo, necesitamos separar una cosa de la otra.
  • Lo que origina el conflicto es la necesidad de volver a casa vs el deseo de quedarse.
  • La manifestación del conflicto, son las reacciones del niño y las reacciones del adulto.
Para poder encauzar un conflicto, precisamos entender y atender esta dualidad del mismo.
El origen del conflicto está en las diferencias esenciales: adulto y niño necesitan cosas diferentes.
La manifestación del conflicto puede ser otra si atendemos a lo que lo origina el conflicto. Es decir, si logramos dar una respuesta  que satisfaga, aunque sea en forma mínima, las necesidades de cada uno. Si logramos satisfacer las diferencias esenciales.

Para esto, el único camino es encauzar el conflicto desde una mirada ganar-ganar.

Una propuesta para solucionar el conflicto

Reconoce qué sientes. 

Y elige canalizarlo, neutralizarlo. Que no invada todo tu ser y dificulte tomar una decisión.
Por ejemplo, el origen del conflicto es que tu hijo quiere quedarse y tú irte. Pero la manifestación es que tu hijo no obedece y tú actúas enojada.
Antes de actuar, pregúntate ¿qué te enoja? 

Quizá sientas pérdida de autoridad porque tu hijo no hace caso. Percibes en la conducta del niño una clara señal de falta de respeto a tus decisiones y, desde ese lugar, reaccionas imponiendo tu voluntad. Pero eso es lo que sientes, no necesariamente lo que sucede. 

Para saber qué sucede, conviene 
  • Encauzar nuestras emociones.
  • Observar la situación con otros ojos antes de decidir cómo actuar. 
  • Averigua qué le sucede a tu hijo. 


Averigua qué necesita tu hijo.

Quizá tu hijo encontró a un amigo y quiere permanecer más rato con él. O siente que aún no jugó lo suficiente. No necesita enfrentarte (aunque su modo de actuar te enfrente), sino satisfacer otra necesidad. 

La manifestación del conflicto puede variar, si atendemos a las diferencias esenciales.
Para esto necesitamos tomar contacto con las emociones y decidir cómo canalizarlas para que no interfieran.

Asume un encuadre con reglas mínimas

Mucho más si el enfrentamiento es con un niño:
    • Controla el vocabulario (las palabras que eliges decir) y el tono de voz. 
    • Atiende a los gestos: miradas, tensión del cuello. Respira hondo para calmarte.
    • Si el niño habla, escucha lo que dice. 
    • Llega a acuerdos. No se trata de ceder por agotamiento ante un berrinche.


Procura encontrar una alternativa mínima que a los dos les resulte atractiva

    • Si lo que siente tu hijo es frustración porque no puede jugar con su amigo, dile que pedirás el contacto a la mamá para coordinar encontrarse en el parque otro día.
    • Si ocurre que no ha podido descargar su energía, propón hacer juegos camino a casa. Por ejemplo, competencias de animales (salta como conejo de aquí hasta el árbol, camina como cangrejo, o para atrás, de mi mano, etc.) Algo que al niño resulte atractivo y le permita canalizar su necesidad de movimiento.
    • Puedes acordar quedarte diez minutos más, y que le avisarás a los cinco para que recuerde que es hora de irse. Si eliges esto y sabes que tu hijo igual sentirá que es poco tiempo, puedes decidir avisarle varias veces, cada 3 o 4 minutos, para que vaya percibiendo el fin. Puedes extender el plazo y pasarte unos minutos de los 10. Puedes ir jugando hasta donde está, pedirle que se suba al tren y salir caminando del parque en tren. Lo que no conviene es que no cumplas tu palabra. Cuando finaliza el plus de tiempo, si el acuerdo era retirarse, le vas a buscar.
Hasta que tu hijo se acostumbre a la nueva modalidad, puede ser que vuelva a hacer un berrinche cuando se vaya. Si es lo que sucede, indica que fue el acuerdo que hicieron. 
No es lo mismo hacer cumplir lo acordado (aunque se manifieste con berrinche) que saldar un conflicto por el camino gano-pierde. 

Puedes explicar el acuerdo hablando, con canto, juego, o como desees. Evita enojarte. Pero si las condiciones son similares a las del inicio, el acuerdo no tiene por qué revisarse. 

Busca un tercero que pueda ayudar.

Si no logran conversar entre ustedes, esta alternativa muchas veces ayuda.
    • Quizá otra mamá puede ayudarlos en la resolución. Una mamá que tenga chispa para ofrecer alternativas que a las dos partes le sirvan.

Practica lo que se propone

Si la perspectiva de encontrar nuevas maneras de resolución de conflictos te parece sana, no pongas el obstáculo Esto no es para mi casa. Si te interesa esta nueva manera, tienes que empezar a practicar.
¿De qué sirve desear otro estilo de vínculo, si no lo intentas?

Claro que aprender nuevas maneras de hacer lo que hacemos, siempre exige algo de paciencia con nosotros mismos. Y lleva tiempo.
Para no olvidar lo trabajado en el artículo, recuerda:

  1. Identifica a quién afecta el conflicto, y no extenderlo a todos.
  2. Averigua cuál es el asunto que le afecta a cada uno.
  3. Escucha por qué importa al otro lo que le importa. Es decir, aclarar los intereses de cada uno.
  4. Descubre cuáles son las necesidades mínimas. Es decir, lo mínimo a cuidar para que ambas partes puedan comenzar un acuerdo.
Correrse del paradigma uno gana y el otro pierde para ubicarse en el de los dos ganamos al resolver el conflicto.
Esa es la tarea.

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