Cómo resolver conflictos familiares. Comprender la historia

Madre en obra. Cómo resolver conflictos familiares. Una propuesta.

Tienes que saber que vivir conflictos en la familia no es sinónimo de violencia familiar. Si sufres o ejerces violencia, no esperes más. La violencia familiar nunca es constructiva. Pide ayuda

Como planteé en el artículo anterior, son las diferencias esenciales, producto de la particularidad de cada integrante de la familia, las que generan los conflictos familiares. 
Cuando ocurren situaciones (grandes o pequeñas) que dejan en evidencia las diversas maneras de enfrentar y resolver una situación, detona un conflicto. 
Las situaciones detonantes no son responsables de los conflictos, pero sí de cómo se manifiestan a la interna de la familia. 
Esto puede resultar extraño; cada persona adulta puede decidir cómo actuar ante una situación incómoda o inaceptable.

En este artículo te ofrezco ciertas pautas para minimizar el impacto de los detonantes y transitar, en forma constructiva, el conflicto.
Para ello voy a describir, de manera sucinta cómo se resuelven tradicionalmente los conflictos. 
Una vez hecho esto, hablaré sobre el proceso de un conflicto y, en otro artículo, sobre cómo puedes actuar ante un conflicto familiar.

Cómo se resuelven tradicionalmente los conflictos

Desde épocas inmemoriales los conflictos se resuelven básicamente de esta manera:
  • Surge el enfrentamiento
  • Una parte gana y la otra parte pierde.
  • Se acuerda cumplir lo que la parte ganadora propuso.
  • La parte ganadora consolida su posición en la relación.
Imagina un conflicto con tu hijo pequeño en el parque: es hora de regresara casa y él no quiere irse
En la forma tradicional, uno gana el otro pierde.
Si quien gana es el adulto, el niño puede percibir:
  • Que no le tienen en cuenta en lo que a él le gusta. 
  • Que debe reaccionar con más fuerza la próxima vez. 
  • Que mejor es salir corriendo para que no lo atrapen y lo saquen del parque, etc.
Si quien gana es el niño, el adulto puede percibir:
  • Que no puede con su hijo.
  • Que a su hijo pequeño le gusta ponerlo en ridículo.
  • Que su hijo es un insoportable e incorregible igualito a... 
A veces, ante la posibilidad de un enfrentamiento con los hijos, algunos padres se atajan ofreciendo premios o estímulos mayores para evitar que el conflicto estalle. Deciden por miedo.

La estrategia tradicional para resolver conflictos genera, a nivel afectivo, muchísimo miedo. Aunque se exprese con inquietud o enojo, lo que subyace es el miedo. Porque es cierto que uno puede ganar, pero ¿a qué costo? Y queda la posibilidad de perder.
Además, la suma de experiencias donde uno siempre pierde, predispone a enfrentar un conflicto de manera menos tolerante. Quien por lo general tiene que ceder, siente que no le tienen en cuenta.
Esto trae consecuencias en los vínculos, a veces no en forma inmediata.
Tienes que saber que esta no es la única manera de resolver conflictos.
Lederach, un especialista en resolución de conflictos, entre otras muchas cosas plantea la alternativa de ganar-ganar.
Desde el paradigma al que estamos acostumbrados no es posible creer en este camino.
Sin embargo, la mayoría de las veces se puede lograr que todas las partes afectadas en un conflicto, salgan ganando.

¿Estás dispuesta a intentarlo?

Probablemente no, y no es extraño.  El camino fácil, el de gritar hasta ganar, tiene mucha fuerza entre nuestras familias.
Es la manera de resolver conflictos que a lo largo de los años se comunica de padres a hijos. A través de vivencias cotidianas, siempre queda claro que -en un conflicto- uno gana y el otro pierde.

El proceso de un conflicto

A la manera en que se desarrolla el conflicto, desde que comienza hasta el acuerdo final, le llamamos proceso del conflicto. Parece obvio, y precisas tenerlo en cuenta en el análisis.
Durante el proceso del conflicto conviene tener presente:
  • A las personas que lo integran.
  • Al problema del conflicto.
  • A la búsqueda de solución para el conflicto.
Esto es importante porque, si bien todos los conflictos transcurren con un proceso similar, hay condicionantes que los vuelven únicos. Y, para crear alternativas de solución, tienen que tenerse en cuenta.

Un ejemplo: la edad de las personas en conflicto.

Si en el conflicto familiar participan únicamente adultos tienen posibilidades diferentes que si es con uno de los hijos pequeños.

Cuando quienes participan son adultos, los integrantes del conflicto tienen la posibilidad emocional de reconocer lo que sienten ante la situación; darse un momento para sentir si es enojo, tristeza, miedo, o lo que sea que surja.
Una vez hecho esto, los adultos pueden ejercer la voluntad de canalizar por su cuenta sus emociones. Esto es necesario para no expresarlas, actuarlas, durante el conflicto.

La resolución de un conflicto familiar es diferente si los adultos que participan logran reconocer y canalizar lo que sienten. 
Esto es útil en toda resolución de conflictos, sea una resolución a la manera tradicional (ganar-perder) o por el camino alternativo (ganar-ganar).

Sin embargo, cuando el conflicto es entre un adulto y un niño o entre dos niños, la tarea de reconocer lo que se siente para canalizar emociones no es posible. Al menos no sin ayuda.
Por esta y otras razones, es necesario tener en cuenta entre qué personas ocurre el conflicto.
El siguiente artículo plantea una propuesta para canalizar conflictos: Qué hacer si mi hijo pequeño no quiere volver del parque.

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