Cómo gestionar las emociones al educar
Cómo educar a nuestros hijos sin gritos ni culpa
Revisado; enero 2026
A veces reaccionamos con enojo ante nuestros hijos. Olvidamos el amor que les tenemos, perdemos la calma y terminamos preguntándonos cómo puedo controlar el enojo para no gritar. Corremos a buscar lo que dicen los profesionales u opinólogos sobre maternidad y educación, porque "los de afuera" parecen saber cómo solucionar el tema. Leemos sobre cómo educar con respeto, sobre crianza consciente y regulación emocional. Hasta buscamos estrategias para el autocontrol emocional con los hijos.
Desmitifica las soluciones
Cierto que necesitamos aprender cuando no sabemos algo. Sin embargo, cuando buscas información sobre cómo regular tus emociones como madre o por qué grito a mis hijos y cómo evitarlo, las respuestas llevan a que te sientas más sola y con herramientas "de libro", que sirven para el momento pero no transforman lo que sucede.
No es cierto que el secreto para llegar a educar sin gritos, sin culpa ni manipulación, es aprender a reconocer, gestionar y controlar las emociones con habilidad.
- Primero, porque no hay secretos. Hay decisiones que puedes aprender a tomar cuando descubres qué te sucede
- Segundo, porque tú, tus hijos y las condiciones particulares que vives, son únicos. Y las recetas que decimos en los libros, son generalidades.
- Tercero, porque el control no es más que el ego tratando de manejar las cosas.
Aprende a contextualizar la ayuda
Para que la información sea útil para ti, necesita estar contextualizada a lo que vives. Mírate como si estuvieras fuera y observa lo que piensas. Aprende a conocerte.
Observa tu entorno familiar y laboral. Tu cotidianidad, el uso del tiempo, las ideas que tienes sobre los hijos y las madres...
- ¿Qué estás viviendo hoy?
- ¿Cómo te sientes ante eso que vives? Describe lo que sientes ante tu trabajo, la crianza, tus proyectos personales, el "mundo" familiar y de pareja.
- ¿Qué acompañamiento adulto tienes? Observa el apoyo que recibes de otros adultos, aunque no convivan contigo. Apoyo económico, afectivo, sostén laboral, sostén ante tus proyectos, etc.
Dicho eso, voy a hablar sobre las emociones y cómo puedes aprender a gestionarlas. Pero si estás sola con tus hijos durante mucho tiempo y además te encargas de la casa, trabajas afuera, te sientes frustrada y no tienes vivencias de terapia emocional, necesitas buscar apoyo para que esas realidades cambien. Las madres buscamos apoyo en los cambios que hagan los hijos, pero la realidad es que el apoyo debe venir de otros adultos. Por ejemplo un acompañamiento terapéutico.
Mientras decides buscar apoyo, ten presente que abajo hay una lista de nombres de sentimientos. Aprender a poner nombre a lo que sentimos es reconocer la interpretación consciente que hacemos de las emociones, y esto es de gran ayuda. Pero, recuerda, para que esta información sea útil más allá del momento en que la lees, necesitas aprender a cuidar de ti. Pide ayuda.
¿Qué son las emociones?
Las emociones son reacciones psicofisiológicas, temporales y subjetivas que experimentamos ante determinadas situaciones que surgen en el entorno. Por ejemplo, ver una araña puede provocar miedo en una persona y no causar ninguna reacción en otra. La reacción o no a ese estímulo depende de las vivencias, de la subjetividad de cada persona.
Estas reacciones emocionales afectan nuestro cuerpo, nuestros pensamientos y nuestra conducta. La persona que teme a las arañas, puede experimentar palpitaciones, tensión muscular y una cadena de pensamientos que aumentan el miedo.
En la mayoría de los casos, las emociones son intensas al inicio y disminuyen cuando la situación termina, por ejemplo, cuando la araña se va. Sin embargo, algunas personas mantienen activas emociones intensas incluso después de que el estímulo desapareció. Esto puede ocurrir de forma consciente o inconsciente. Cuando esto sucede con las emociones que generaron las acciones de nuestros hijos, nos quedamos "enganchadas" durante horas, a veces días, sin lograr distanciarnos y analizar objetivamente el hecho. Y en lugar de poder educar, reaccionamos desde la emoción a pesar de que el berrinche o el enfrentamiento del niño ya pasó.
Estas reacciones emocionales afectan nuestro cuerpo, nuestros pensamientos y nuestra conducta. La persona que teme a las arañas, puede experimentar palpitaciones, tensión muscular y una cadena de pensamientos que aumentan el miedo.
En la mayoría de los casos, las emociones son intensas al inicio y disminuyen cuando la situación termina, por ejemplo, cuando la araña se va. Sin embargo, algunas personas mantienen activas emociones intensas incluso después de que el estímulo desapareció. Esto puede ocurrir de forma consciente o inconsciente. Cuando esto sucede con las emociones que generaron las acciones de nuestros hijos, nos quedamos "enganchadas" durante horas, a veces días, sin lograr distanciarnos y analizar objetivamente el hecho. Y en lugar de poder educar, reaccionamos desde la emoción a pesar de que el berrinche o el enfrentamiento del niño ya pasó.
Esta modalidad de respuesta, cuando es común en nuestra forma de enseñar, afecta la salud emocional y las relaciones con los hijos.
Pero existen estrategias para aprender a soltar y regular las emociones. Sobre algunas de ellas hablaré aquí.
Pero existen estrategias para aprender a soltar y regular las emociones. Sobre algunas de ellas hablaré aquí.
Estrategias para gestionar tus emociones
Para aprender a canalizar las emociones necesitas reconocerlas a tiempo. Y para reconocerlas, precisas aprender a conectar con tu cuerpo en tiempo presente.1. Conectar con el cuerpo
Muchas veces pasamos por alto lo que el cuerpo siente. Ignoramos señales básicas como el hambre o la necesidad de descansar. La emoción se expresa en el cuerpo antes que en la mente. Si aprendes a escuchar tu cuerpo, podrás anticipar tus reacciones.Necesitas volver al cuerpo. ¿Cómo está ahora? ¿de qué manera están ubicadas tus extremidades? ¿te resulta cómodo o no?
Atiende a cómo respiras, reconocer cómo ingresa el aire a tu cuerpo aunque no cambies la respiración, te conecta con este momento. ¿Respiras lento, rápido, con fuerza o apenas perceptible?
Atiende a cómo respiras, reconocer cómo ingresa el aire a tu cuerpo aunque no cambies la respiración, te conecta con este momento. ¿Respiras lento, rápido, con fuerza o apenas perceptible?
2. Aprender a nombrar las emociones
Es necesario aprender a nombrar las emociones porque ellas pueden camuflarse. Por ejemplo, a veces ante una ofensa laboral sentimos gran pesadumbre que interpretamos como tristeza. En realidad la emoción original es ira por haber sido ofendidos, pero camuflada en un sentimiento mejor aceptado socialmente.Cuando no logras reconocer la emoción de ira que está debajo de ese sentimiento, ella terminará saliendo de cualquier manera como reacción ante algo que hacen los niños.
Observa dónde se aloja la tensión de tu cuerpo. Si hay opresión en el pecho probablemente algo en la situación te provoca miedo. Si aparece en los músculos, probablemente la situación te pone ansiosa. Si sientes la tensión en tu garganta o cuello observa qué te enoja, qué te da rabia.
Al final del artículo agregué una lista de sentimientos. Creo que puede ayudarte en esta etapa de "poner nombre" a lo que percibes en tu interior.
Al final del artículo agregué una lista de sentimientos. Creo que puede ayudarte en esta etapa de "poner nombre" a lo que percibes en tu interior.
3. Practicar, practicar, practicar
Reconocer la emoción y nombrarla sirve de poco si igual explotas ante la situación que crearon tus hijos. El cambio surge al practicar tu fuerza de voluntad, para elegir en lugar de reaccionar.Imagina un día en que estás agotada y tu hijo
- Insulta a otra persona
- Tira la comida
- Tiene una rabieta
Necesita un límite.
Si logras observar tu agotamiento antes de responder, probablemente encuentres claridad para separarte de la situación antes de reaccionar. Puedes respirar hondo y quizá notes el tono enojado de tu voz, la dureza de tus gestos y elijas suavizarlos para que sean firmes y no agresivos. Quizá decidas únicamente decir "no" y hables en otro momento en que no estés tan cansada, porque es difícil no reaccionar cuando uno está agotado.
Educar no es solo lo que dices, sino cómo lo dices.
No significa dejar pasar comportamientos inadecuados, ni caer en permisividad sino aprender a elegir cómo y cuándo actuar.
Necesitas reconocer que estás aprendiendo, tener paciencia y muchísima compasión hacia ti misma.
Habrá días en que tendrás éxito y otros en que no. Eso también es parte del aprendizaje.
Cada vez que lo intentas, estás construyendo una nueva manera de relacionarte con tus hijos.
Habrá días en que tendrás éxito y otros en que no. Eso también es parte del aprendizaje.
Cada vez que lo intentas, estás construyendo una nueva manera de relacionarte con tus hijos.
Al poner límites, piensa en el horizonte
A veces educamos según creencias que aprendimos a lo largo de nuestra vida. Las ideas de lo que “debería hacerse”, de lo que otros esperan o de lo que está de moda de acuerdo a algún educador que da normas generales y fuera de contexto.Creo que al poner límites conviene recordar lo que tú deseas crear para que tu hijo se desarrolle como persona. Creo que ayuda responder cada año estas preguntas:
- ¿Hacia dónde quiero guiar a mi hijo?
- ¿Qué quiero que aprenda, vivencie, explore?
- ¿Cuál es el proyecto de vida que deseo transmitirle?
En suma
Conocerse a sí misma es el punto de partida para educar con claridad, respeto y amor.
Por eso, cuando te invito a trabajar tus emociones, estoy invitándote a un camino de autoconocimiento, no a una técnica rápida.
Nunca llegarás a conocerte totalmente, pero cada paso cuenta. Y eso ya te convierte en una Madre en Obra.
Ahora te toca a ti
Por eso, cuando te invito a trabajar tus emociones, estoy invitándote a un camino de autoconocimiento, no a una técnica rápida.
Nunca llegarás a conocerte totalmente, pero cada paso cuenta. Y eso ya te convierte en una Madre en Obra.
Ahora te toca a ti
Te propongo este proceso para empezar
- Nombra lo que sientes cuando estás tranquila.
- Antes de dormir, revisa tu día y detecta qué emociones estuvieron presentes debajo de los sentimientos que experimentaste.
- Durante los momentos difíciles, obsérvate “desde afuera”. Y respira con atención para volver al presente.
- Acepta tus limitaciones y vuelve a intentarlo. Eres responsable de lo que creas, pero evita sentir culpa. La culpa paraliza y nos lleva a lugares comunes de "siempre hago lo mismo" o "soy así". Eres responsable, aprende a buscar apoyo para responder de otra manera.
No se trata de ser perfecta, sino de avanzar en tu camino.
Ser consciente de tus emociones ya es un acto de amor hacia tus hijos y hacia ti misma.
¡Hasta la próxima!
