Desarrollo emocional: aclarar tus emociones cuando educas a tu hijo

Enseñar límites a tu hijo. Sentimientos. Lista de sentimientos. Madre en obra


El desarrollo emocional de los padres es clave en la educación de los hijos. Y si bien hoy las emociones están en el tapete, ¿qué conoces sobre ellas? 

Hay quienes, al hablar de emociones, ponen el foco en una clasificación: Nombran emociones básicas o primarias, y emociones secundarias.
Otros emiten juicios de valor sobre ellas. A unas las llaman emociones positivas y a otras, emociones negativas.

Cuando en Madre en Obra te invito a hablar sobre este tema, es para que descubras cómo gestionas tus emociones. Cuando una madre o un padre educan solos a sus hijos pequeños, por lo general no tiene otro adulto cerca que le ayude reconocer si están enojándose con el niño.

En este artículo quiero explicarte cómo las emociones pueden afectar y dificultar el vínculo con tus hijos. Espero aportar elementos para que aprendas a descubrirlas a tiempo y decidir qué hacer con ellas. Aprender a canalizarlas no solo enriquece tu desarrollo personal como madre. Te dará confianza para avanzar en el camino de felicidad que vas eligiendo transitar con tu hijo.

¿Qué encontrarás aquí?

¿Qué son las emociones?
¿Por qué una madre necesita reconocer sus emociones al educar?
Reconocer qué sientes para elegir cómo actuar ante tu hijo
Estrategias para gestionar tus emociones
  • Conectar con tu cuerpo
  • Aprender a nombrar emociones
  • Practicar, practicar, practicar
  • Al poner límites a tu hijo, precisas delimitar el terreno
En suma
Ahora te toca ponerlo en práctica

¿Qué son las emociones?

Definiría a las emociones como reacciones temporales y subjetivas que experimentamos ante determinados estímulos. Estas reacciones psicofisiológicas influyen sobre nuestro pensamiento y conducta. Y, al volverlas conscientes, podemos aprender a gestionar las emociones.

Por lo general las emociones son intensas al principio y a medida que la situación se aleja en el tiempo, van disminuyendo. Finalizan cuando termina el estímulo. 

Sin embargo, hay personas que –en forma consciente o no- mantienen un estado de ánimo que permanece a pesar de que desapareció la situación que lo provocó. Estas personas tienden a suscitar estados emocionales de gran intensidad y duración. 
Y esto tiene un alto coste para su salud y la de las personas con quienes establece vínculos.
Si a ti te sucede, y a menudo, recuerda que existen estrategias para aprender a soltar las emociones. Si no lo logras sola, quizá puedes buscar ayuda con un profesional. 

¿Por qué una madre necesita reconocer sus emociones al educar?

Educar a niños pequeños exige mucha atención, tiempo, energía, afectos. Y no siempre nuestra capacidad materna está en óptimas condiciones. A veces es cansancio, dolores físicos o problemas personales, pero nuestra disponibilidad y paciencia no siempre es la misma.
Imagínate un día en que estás realmente agotada y tu hijo actúa de forma poco adecuada. 
  • Insulta a otra persona.
  • Hace un berrinche.
  • Tira la comida al suelo, qué se yo.
Todas estas acciones exigen que, como adulto que educas, pongas un límite a su actuación.  
Y aquí está el punto central del asunto: como madre, estás educando. Y educas tanto con lo que dices lo que no se hace como con tu actitud al señalar el límite.
En días difíciles, se tiene poca paciencia para tolerar desajustes. Pero, si logras reconocer tus emociones a tiempo, probablemente no estropearás todo lo que vienes enseñando.
Así que, te pregunto, ¿cómo actúas ante estas situaciones?

Reconocer qué sientes para elegir cómo actuar ante tu hijo.

Si las emociones son reacciones que experimentamos ante determinados estímulos, imagino que no son agradables las que sientes ante una situación como la anterior. Estas reacciones psicofisiológicas influyen sobre nuestro pensamiento y conducta, pero no deciden. 

Si logras estar atento y descubrir la emoción que surge en determinada situación, puedes elegir canalizarla. De esta manera permites que la emoción no interfiera en lo que dices a tu hijo. 
Esta es una habilidad muy útil para quien educa hijos pequeños. Exige autocontrol, lo que es realmente difícil de poner en práctica.

Reconocer a tiempo la emoción que sientes, es el primer paso. Pero queda otro paso aún más complejo: decidir no reaccionar ante las acciones de tus hijos.
No puedes elegir qué sientes, pero sí qué hacer con esos sentimientos.
Cuando aprendes a elegir qué hacer con lo que sientes, tus respuestas serán significativamente diferentes.

Educar en forma consciente no es dejar pasar lo que nuestro hijo hizo mal. Nada más alejado de eso. Al educar en forma consciente aceptamos que existen posibilidades diferentes a la reacción. La propuesta es crear una respuesta que señale el límite claro y firme, pero sin reaccionar ante lo que nos afecta. 

Estrategias para gestionar tus emociones

El desarrollo emocional lleva a aprender a canalizar las emociones. Y para ello precisas reconocerlas a tiempo. La clave está en aprender a percibir, a conectar con nuestro cuerpo en el presente. Porque las emociones se expresan en nuestro cuerpo.

Conectar con nuestro cuerpo

Como hemos aprendido a pasar por alto lo que el cuerpo siente, no es sencillo descubrir a tiempo lo que nos indica. Por ejemplo, solemos evitar sentir nuestra necesidad más básicas, como la de ir al baño o estar satisfechos de la comida. Al punto que seguimos comiendo sin hambre o corremos al baño cuando casi nos hacemos encima.
Dentro de las estrategias para reconocer emociones te recomiendo reaprender a percibir tu cuerpo. Por ejemplo, toma contacto con:
  • La postura en que estás. Sentado, o de pie. Pero ¿cómo?
  • El ritmo de tu respiración. Percibe el aire que ingresa por tu nariz hasta ir casi entre los ojos.

Aprender a nombrar emociones

Una vez que somos capaces de reconocer una emoción, es necesario ser capaces de nombrarlas. Porque una emoción puede camuflarse de otra cosa. Por ejemplo, a veces percibimos que una ofensa nos genera tristeza, cuando en la emoción original es ira, rabia.
Aprender a nombrar lo que sientes es un paso importante. Y lleva tiempo y práctica.
Al final del artículo agregué una lista con algunos sentimientos. Creo que puede ayudarte en esta etapa de "poner nombre" a lo que percibes en tu interior. 

Practicar, practicar, practicar

Ya reconocemos la emoción y somos capaces de nombrarla. Pero de nada sirve si igual permitimos que intervenga con toda su fuerza en la situación de señalar límites a nuestros hijos.
Es la hora de practicar. Practicar la fuerza de voluntad, para elegir detenernos a pensar cómo responder a nuestro hijo en lugar de reaccionar.
Y practicar la generosidad con nosotros mismos. Porque no siempre nos saldrá bien. No siempre, por saber cuál es el camino más sano, lo tomamos. Ser generosos cuando nos equivocamos, y volver a comenzar.

Al poner límites precisas delimitar el terreno

Muchas veces utilizamos la lógica de lo que debería hacerse cuando educamos a nuestros hijos. En las decisiones sobre lo que el niño puede o no pude hacer, influye el entorno en el que actuamos. Las expectativas de otros. Las modas de los métodos.
Al indicar límites a un niño, conviene recordar hacia dónde lo conducimos. Qué deseamos que aprenda a vivir. Cuál es el proyecto, el horizonte que nos guía. Pero sobre esto hablaremos en otra oportunidad.

En suma

En este artículo compartí mucha información para que inicies o ejercites el conocimiento de ti mismo. ¿Conoces la máxima “Conócete a ti mismo”? Estaba escrita en el pronaos del templo de Apolo, en Delfos.
Conocerse a uno mismo, qué nos mueve, qué nos impulsa desde lo más profundo de nuestro ser, es el punto de partida para educar a otro ser. Conocerse da pistas para reconocer desde dónde dices lo que dices a tu hijo. Desde dónde piensas lo que piensas, etc.
Por supuesto que conocerse lleva su tiempo. Es una de las cosas más difíciles de sostener a lo largo del tiempo. Y nunca llegarás a un conocimiento definitivo de ti mismo. Aún así, no te des por vencida. Eres una Madre en Obra.

Ahora te toca a ti

Te propongo poner en práctica el descubrir y reconocer las emociones. Esta serie de pasos va de lo simple a lo complejo. Pero no tienes por qué seguir ese orden.
Sí te animo a que pongas en práctica estrategias que te ayuden a reconocer y aclarar tus emociones.
  • Nombra lo que sientes cuando estás tranquila (abajo hay una lista que te puede ayudar).
  • Antes de dormir, revisa lo que sucedió en el día y trata de descubrir qué sentiste en cada caso.
  • Desentraña lo que sientes en las situaciones cotidianas mientras las vives. 
  • Observa cómo actúas, cómo resuelves la situación. Y aprende a aceptar tus limitaciones si no te sale bien.

Cómo conocer nuestras emociones¡Hasta la próxima!


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