Conflicto familiar no es violencia familiar. ¿Qué es entonces?

Los conflictos familiares generan tal impacto, que algunas familias llegan a cuestionarse si pueden continuar juntos.
Aquí conviene aclarar: conflicto no es sinónimo de violencia.
Si vives situaciones de violencia familiar, pide ayuda ahora.

Volviendo al tema, en Internet encontrarás opiniones de todo tipo sobre las causas de los conflictos familiares. 
  • Algunos sugieren que la causa está en la falta de límites, en no plantear reglas familiares claras.
  • Otros señalan que los conflictos se deben a padres demasiado permisivos.
  • Hay quienes los atribuyen a luchas de poder entre adultos. A intervenciones de personas ajenas a la intimidad familiar (abuelos, por ejemplo).
Estas afirmaciones tiene su cuota de acierto si referimos al detonante del conflicto. Ninguna de ellas señala la causa del conflicto.
La causa del conflicto es que somos diferentes, y necesitamos ponernos de acuerdo. 
Y sobre esto quiero invitarte a pensar en este artículo.
Quiero ayudarte a ver que los conflictos vienen en el mismo paquete familiar donde vienen las alegrías, la plenitud, la contención y uno puede aprender a transitarlos en familia. 

Para ello, hablaremos sobre por qué hay conflictos en una familia y algunas precisiones sobre el surgimiento de un conflicto. Una vez establecidas las bases mínimas que permitan mirar sin miedo a los conflictos familiares, propondré un breve punteo que puede dar ánimo de comenzar a transitar los conflictos desde otro lugar. (Desarrollaré este tema de transitar conflictos en otro artículo, no te preocupes).

Lo que trataré en este artículo

2.- Hablemos de los detonantes de un conflicto
- Primero, no todos los conflictos se manifiestan en el seno familiar
- Segundo, no todos los detonantes de un conflicto tienen el mismo impacto para la familia
- Tercero, no todos los detonantes tienen la misma carga afectiva

3.- Cuatro consejos para encauzar conflictos y un regalo para ti
4.- Te toca practicar en tu familia

1.- Por qué hay conflictos en una familia

Probablemente la respuesta a esta pregunta es la que más te interesa, pero necesito que me permitas un pequeño rodeo. Para minimizar el impacto de la simplificación que se hace al escribir un post, daré un encuadre a esta respuesta.

Las familias son un entramado de afectos, reglas, valores, etc. que se construyen a partir de cada uno de las personas que la integran. (Y cuando digo "todas las personas", es para tener en cuenta que los más chiquitos también afectan la construcción de este entramado).

Como las personas que integran la familia cambian (de edad, de trabajo, de gustos, de muchas cosas), es natural que el entramado familiar también se modifique
Esto es parte del proceso de vida familiar: A medida que convivimos, unos y otros vamos moldeando las experiencias ambientales de la familia, y la familia nos va moldeando a nosotros. 

Pero lo dicho hasta ahora no describe lo que decía en el título: por qué hay conflictos en la familia.

¿Por qué hay conflictos en la familia?

Hablamos sobre que cada uno es único, y que -junto a otros- integra el entramado afectivo familiar. Esta integración familiar crea vínculos afectivos, lazos de pertenencia familiar que les unen. Es lo que hace que uno se sienta parte de una familia y no de otra. 

Pero no somos idénticos. Aún estando afectivamente tan cerca, compartiendo ideales, valores, amores, cada uno se vincula en la familia siendo quien es. 
Y es por estas diferencias particulares que ocurren los roces. 

La mayoría de las veces estos roces no son importantes o los pasamos por alto. Y en otras, surgen conflictos.
El conflicto genuino -dice Lederach- es, en el fondo, lo que llamamos las diferencias esenciales, o sea, los puntos concretos que separan a las personas.

-Entonces, ¿qué hago con los conflictos?

Tener miedo a los conflictos familiares es tener miedo al encuentro que se da en la misma vida familiar. Y aquí recuerda lo que dije al inicio: conflicto no es sinónimo de violencia. Puede haber situaciones de conflictos que, más allá de algún grito, se transiten sin violencia. 

Un camino para transitar esta desagradable realidad de la complejidad familiar es aprender a transitar los conflictos. No a evitarlos. 

Llegado a este punto, espero haber logrado dar un pantallazo sobre la causa de los conflictos. No pongamos a la abuela como responsable. No echemos la carga a la falta de preparación de padres que no logran hacerse padres y ejercer el rol social que corresponde.
Eso son detonantes.

Aún en familias sin ningún problema, surgen conflictos. Si se reconoce que cada integrante es único, existirán roces debido a esas diferencias esenciales. 
Los conflictos forman parte de la realidad familiar.

2.- Hablemos de los detonantes de un conflicto

El apartado anterior permite proponer una postura: 
No existe posibilidad de crear una familia sana, si no se aprende a reconocer y a transitar los conflictos.
Es decir, reconocer aquellas diferencias esenciales y aprender a caminar juntos, aún con ellas.

La posibilidad de transitar hacia la resolución de un conflicto exige hacer algunas precisiones:

- Primero, no todos los conflictos se manifiestan en el seno familiar

Si los integrantes de la familia -o alguno de ellos- no logran expresar sus individualidades., o si se ha acostumbrado a asumir que se actúa conforme a lo que pautan los adultos -o un adulto-, el conflicto no se expresa en la familia.
No es que no exista conflicto, diferencias, sino que no se expresa donde corresponde.
Por lo general, quien no expresa la insatisfacción que surge en el seno familiar, la vuelve contra sí.
(claro que no en forma consciente). En la persona surgen enfermedades, algunas muy comunes y aceptadas, como la obesidad, hipertensión, etc.

La situación -transformada en detonante- afectará en algún momento a la familia.
Lo sano sería que cada uno aprenda a confiar que nada malísimo pasará si expresa lo que le sucede.

- Segundo, no todos los detonantes de un conflicto tienen el mismo impacto para la familia

Una situación laboral, por ejemplo, que lleva a la familia a mudarse a otra ciudad, tendrá un impacto diferente que si el detonante es la falta de límites de uno de sus integrantes.
Que el impacto sea diferente, no quiere decir que no se tenga en cuenta. 
A veces esperamos demasiado y el conflicto se hace mayor, por no atender a tiempo las detonaciones pequeñas que ocurren a la interna familiar.
Lo digo para tenerlo presente.
No se trata de salir, tipo caza de brujas, a mirar con lupa lo que dicen o hacen los otros integrantes y cuestionar cada situación para averiguar si surgirá o no un conflicto. 

¿El antídoto? 
Estemos atentos a lo que sucede a cada uno. Ejercitemos -a la interna familiar- la capacidad de escucharnos.

- Tercero, no todos los detonantes tienen la misma carga afectiva

Los niños, cuando aún no han sido demasiado socializados, tienen una capacidad de recuperación afectiva maravillosa. Luego de pelear, incluso cuando realmente se han enojado, uno dice al otro:
-Vamos a jugar, ¿me perdonás?
Y el otro acepta
Así de simple.

Pero los adultos guardamos en la cajita de malas cosas todo lo que nos pasa.
Y, cuando el roce fue con Fulano, que el año pasado hizo H, Z y X, entonces las chispas serán mucho mayor a cuando surge un roce con Mengano, que siempre me apoya.
Por ejemplo, quizá cuando la abuela hace un comentario sobre el comportamiento del nene, lo tomo diferente a si lo hace la tía.
Lo digo para tenerlo presente.


3.- Cuatro consejos para encauzar conflictos y un regalo para ti

Antes de enojarte, recuerda que el conflicto es parte de la vida familiar. Es sano que ocurra, porque en una familia somos diferentes aunque nos amemos.
Además, no evites el conflicto. Encáuzalo.

Y ahora, los consejos (lo anterior fueron mandatos, je je)

Primer consejo: Cuando se haya desencadenado un conflicto con una persona, reconoce qué es lo que sientes.

Y elige canalizar tus emociones antes de iniciar la conversación.
Si la otra persona es un adulto, pídele que haga lo mismo.
Cuando el conflicto es con un niño, quien debe cuidar que no haya desborde afectivo es el adulto, no el niño. No lo olvides.

Segundo consejo: Inventen un encuadre con reglas mínimas: 

  • Controlar el vocabulario y tono de voz
  • Dónde hablarán (no ante los niños, por favor)
  • Horarios. Es mejor varias conversaciones que una única charla eterna. Las discusiones eternas se ganan por cansancio. Y para resolver un conflicto, debemos alejarnos de la lógica de ganar y perder. 

Tercer consejo: Hablen por turnos. 

Mientras uno habla, el otro escucha. Puede anotar algo que quiere aclarar, pero NO interrumpe.
Pueden ser turnos por tiempo (5 minutos cada uno, por ejemplo) u otro acuerdo.

Cuarto consejo: Si no logran conversar entre ustedes, busquen un tercero que pueda ayudar.

Nunca puede ser un hijo de la familia.
Menos si la discusión es entre padres.
Recuerda:
Se trata de construir una familia, no de personalizar el tema y tratar de ganar.

4.- Te toca practicar en tu familia 

Porque para transformar nuestra vida, de poco sirve saber sobre un tema si no se lleva a la práctica . 
Es que las personas tendemos a leer cuanta cosa se dice por ahí, y ese empalagamiento de palabras nos lleva a la ilusión que logramos transformarnos. 
Y no es tan así.
La información es necesaria, pero no suficiente para cambiar los hábitos.
Hay una frase de un gran hombre que advierte perfectamente sobre esto. 
No el mucho saber harta y satisface al alma, más el sentir y gustar de las cosas internamente. San Ignacio de Loyola.
Así que, si surgen conflictos, pon en práctica los consejos. El resultado será mucho más sano que si lo dicho solo queda en una veloz lectura. Y deberás practicar varias veces; no siempre las cosas funcionan de primera.

Por último: un regalo para ti.



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