Si quieres modificar tu vida, revisa tus hábitos.

Madre en obra. Cómo transformar tu vida. Quieres transormar mi vida



La realidad cotidiana, tan cercana y veloz, nos lleva a creer que “la vida es así”. 
Y, sin embargo, la vida familiar es como la creamos. Aunque a veces no tomamos contacto con estas pequeñas decisiones que hacen que hoy vivamos esta realidad.

Cuando nos paramos en el lugar de "la vida es así" o "esto no puedo cambiarlo", nos cuesta reconocer oportunidades para transformar lo que vivimos. Y todo el mundo sabe que es justamente en este presente que vivimos, donde una puede introducir cambios.  

Observar la realidad cotidiana.


No es sencillo transformarse, pero sí es posible. Y con un poco de ayuda extra, de personas que te contengan y animen durante el cambio, será más fácil.
Claro que las salidas que dieron resultado a otros no tienen por qué dártelo a ti.
Sin embargo, para transformarse o transformar lo que nos rodea, es de gran ayuda reaprender a mirar lo que vivimos.
Y preguntarnos qué beneficios trae esto para mi vida actual.

Por ejemplo, observa cómo tomas algunas de tus decisiones diarias.
Probablemente notes que hay muchas de ellas que las haces sin pensar. Las actúas.
Decidiste una vez y ahora, "es así".

Hay decisiones en las que ya no piensas. Las actúas.

Veamos un ejemplo: 

Piensa en un recorrido que haces a diario o con gran frecuencia por tu barrio. Puede ser ir a buscar a tus hijos a la escuela, o para ir al trabajo, a la panadería, etc. Piensa en ese recorrido, ¿lo tienes en mente?
Ahora responde lo siguiente: 

  • ¿Por qué elegiste ese recorrido?
  • ¿Qué otros recorridos puedes hacer? ¿Por qué los descartaste? 
  • El recorrido elegido, ¿es el que hiciste ayer? ¿es el de la semana pasada?

Las primeras veces que se elige un recorrido, uno piensa en cómo será más efectivo hacerlo. Cuál es mejor.
Pero cuando pasan unos días, esto se automatiza. Y cada día transitamos los mismos lugares casi sin modificaciones. Incluso a veces lo hacemos caminando por la misma acera. Se ha vuelto natural transitar por ahí, y no lo cuestionas.

Claro que automatizar ciertas cosas –como atarse los zapatos o un recorrido cotidiano- tiene su lado positivo. Sería sumamente engorroso tener que pensar y decidir cada movimiento que uno hace.

Sin embargo, cuando sucede con otras decisiones cotidianas puede generar rigidez en la vida familiar. Por ejemplo:
  • Reglas de la casa que nunca más se revisaron, 
  • Productos de consumo que siguen siendo parte del gasto familiar aunque ya nadie los usa, 
  • Tareas y horarios para cumplor esas tareas, etc. 
Estas automatizaciones deben ser revisadas de vez en cuando. Pensar sobre ellas para ver si aún sigue siendo adecuado para nosotros. Es necesario hacer esto por dos motivos:

  • Para ver si precisan un ajuste.
  • Para ejercitar nuestra capacidad de transitar en lo no seguro.
De alguna manera los hábitos nos hacen sentir seguros, y eso es bueno. 
Y también los hábitos dificultan que descubramos novedades. Nos volvemos predecibles, y esto nos puede jugar una mala pasada. 

Entonces, si hay cosas que no nos agradan en nuestra vida, lo primero es aprender a observar lo que actuamos. Pensar sobre ello. Y animarnos a hacer algún cambio en lo que siempre hacemos igual. 

Cuando uno comienza a hacer diferente lo que siempre hace igual, nos obliga estar presentes. Estar atentos a lo que actuamos en ese momento. Además, se genera confianza en uno mismo para cuando decidas hacer otros cambios. Los que verdaderamente modificarán tu vida.

Cuestionar los hábitos.


Vimos cómo una decisión que resuelve una situación (elegir un recorrido), de a poco se transforma en LA decisión (el único recorrido).
Lo que veremos ahora es cómo, a medida que ciertas decisiones ya están instaladas en nuestra rutina, tomamos otras decisiones sobre ellas. 

Las nuevas decisiones se basan en elecciones que automatizamos y no cuestionamos. Es decir, se ha vuelto difícil reconocer que en algún momento las decidimos. 
Y es ahí, en ese entramado, donde se crea la vida cotidiana.
Estas pequeñas y múltiples decisiones diarias -junto con las grandes elecciones- crean nuestra vida cotidiana familiar. 

Por ejemplo, al automatizar un recorrido pasamos por X panadería donde siempre compramos el pan.  No nos valoramos si el pan es de mejor calidad, precio o sabor que el de la otra panadería. Simplemente, nos queda de pasada al hacer este recorrido. 
Una decisión (comer este pan) sobre otra decisión que se ha vuelto invisible (hacer este recorrido).

El asunto es que algunas decisiones tienen un impacto mayor sobre nuestra vida cotidiana que otras.
Por ejemplo, decisiones sobre el recorrido a la escuela tienen un impacto diferente que las referidas a normas de convivencia familiar, o asumir las consecuencias de una compra, o un préstamo de dinero.

Quizá precises abrir una ventana en tu cotidianidad. No para saltar y escapar de lo que vives, sino para cambiar la perspectiva. Ver qué decisiones te trajeron a este momento que vives hoy, y elegir qué harás en adelante.


Querer no siempre es poder.


El mundo de la vida cotidiana se impone por sí solo y cuando quiero desafiar esa imposición debo hacer un esfuerzo deliberado y nada fácil. (Berger y Luckmann).

Para cambiar lo cotidiano se precisa hacer un gran esfuerzo. Además, es necesario reconocer nuestra participación en lo que sucede. Sólo así logramos crear distancia del argumento "la vida es así".

Cuando percibes que algo no funciona en tu vida cotidiana familiar, descubre qué decisión -o decisiones-, están tras la situación que ahora no deseas. 

Y si te preguntas:
  • para qué se mantienen estas decisiones, 
  • qué aportan en la actualidad, 
tienes una herramienta con la que crear otra realidad cotidiana.

Sin embargo, no siempre es suficiente con darse cuenta para realizar un cambio. Reconocer la existencia de la necesidad de cambio es necesario pero no suficiente para cambiarlo.
No siempre darse cuenta basta realizar un cambio.
Por ejemplo, reconocer que tienes diabetes no transformará tu enfermedad. Pero  aceptar esa realidad sí puede transformarte, a ti y a tus decisiones. 
Quizá decidas buscar ayuda en un médico. Quizá decidas dejar ciertas prácticas que a otras personas no le hacen daño pero a ti sí; etc.

Nada de culpas, MadreEnObra.


Mira, MadreEnObra, no escribo estas cosas para que sientas culpa por lo que vives.
Sólo quiero expresar que, aunque te resulte absurdo escucharlo y tengas mil argumentos que te hacen creer otra cosa, la realidad es una construcción humana que hacemos junto a otros cada día. En una suerte de ida y vuelta, nos construye mientras la construimos.

Y es en esa realidad que nos toca donde podemos crear caminos más sanos para vivir junto a quienes queremos. 
Volveremos a hablar sobre esto en otro momento.
¡Hasta pronto!


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