Palabrotas: cuando tu hijo pequeño insulta, ¿qué hacer?

Madre en obra. Palabrotas: qué puedes hacer cuando tu hijo pequeño insulta

Cuando los niños pequeños dicen “palabrotas” los adultos no sabemos bien cómo actuar.
Por lo general a los padres nos extraña (incomoda, preocupa, desagrada) escucharlas de su hijo. Salimos en busca de estrategias que ayuden a canalizar la situación.

¿Qué hacer cuando mi hijo dice palabrotas?
Y Google responde con miles de sugerencias.

La mayoría de estas sugerencias hacen foco en lo que el niño dice y en cómo el adulto debe evitar festejar lo dicho.
Es un camino posible.
Pero vivimos rodeados de insultos.  En el fútbol, en la calle, ¿en casa?

En este artículo quiero invitarte a profundizar el tema de las palabras que tu hijo aprendió.
Debemos educar en un contexto en que esas expresiones forman parte de la cotidianidad. No quiere decir aceptar que reproduzca los insultos.
Averigüemos ¿qué hay detrás de un insulto?, para decidir cómo educar a nuestros hijos ante ellos.

Insultar, ¿parte de nuestra sociedad?


María Paula Morales en su investigación El insulto como forma de violencia en los espectáculos de fútbol profesional de Montevideo, plantea que
la acción de insultar no se asocia a una clase social determinada o un tipo de individuo, más bien podemos decir que dicha acción atraviesa todo el espectro social” (en "A romper la red. Miradas sobre fútbol, cultura y sociedad, p.151-165)
Ante esta naturalización de los insultos en el modo de vincularnos como sociedad, ¿qué hacer?
¿Aceptar o resignarse a vivir entre insultos?
Aceptar, pues es parte de la realidad.
Resignarse no. Se puede (y debe) cambiar.

Para elegir cómo actuar con los hijos, invito a:
  1. discriminar cuándo, cómo y dónde tu hijo dijo lo que dijo,
  2. erradicarlo de nuestra manera adulta de expresarnos,
  3. actuar también sobre las causas y de acuerdo a lo ocurrido.

1.-Cuándo, cómo y dónde 

Si quien dice la palabra obscena es un niño pequeño, no podemos intervenir de la misma manera que si tiene 8 o más años. Una palabrota en un niño pequeño probablemente es una imitación a alguien. Y seguramente se festejó el hecho como una gracia, lo cual anima al niño a reproducirla en otro contexto.
“Los niños emulan las acciones de los padres y repiten los insultos. En muchos casos provocando el divertimento de los adultos. Dicha emulación si es aprobada por el mundo adulto, va a ser tomada como una práctica normal para el niño. También, al ver a los adultos realizarlo sin reprobación reafirmará su evaluación sobre dicha práctica."(Ob.cit.)

Cuando el niño comienza a ampliar su vocabulario, le atraen las expresiones que provocan reacciones especiales en otros.
Por ejemplo, las palabras vinculadas a los excrementos, los genitales, provocan risa alrededor de los 4 años. Si bien se trata de una conducta normal, podemos encauzarla. Explicarle al niño “Estas palabras que ahora te hacen reír NO conviene decirlas fuera de casa”.
Es una manera de indicar un límite social.

Si la maestra comenta que el niño las utiliza en el contexto escolar, como padres pueden reforzar el límite, indicando: “Aunque conozcas estas palabras, en la escuela no deben usarse. Ni siquiera para hacer reír a otro niño."

Por lo general, explicar que no está permitido decirlas en ciertos lugares, bastaría para que el niño comience a reconocer el límite de su uso. Son límites que ayudan a encauzar su conducta y adecuarla al lugar en que está. 

Pero cuando el niño es más grande o adolescente, el insulto tiene otras connotaciones tanto para él como para el contexto.
También aquí es preciso discriminar:
No es lo mismo si dice la palabra “al aire” cuando se golpea con un mueble –por ejemplo- que si se la dice a una persona en determinada situación y para herirla. En ambos casos debemos intervenir, pero no de la misma manera.

En el primer caso, un “Ojo, cuidado con lo que decís” puede bastar.
En el segundo, además, precisamos conversar –en ese u otro momento- sobre lo que le está sucediendo con él. ¿Qué pasa que lastima a otro? ¿Es una situación puntual? ¿Sucedió algo?
Y ayudarle a canalizar lo que sucede.
Nunca deberíamos quedar indiferentes a la agresión verbal ni decir "no pasa nada".

¿Qué es un insulto? 

Para poder ir más allá de “la palabrota” (de hecho hay palabras que en algunos países se consideran obscenas y en otros no) precisamos averiguar ¿qué se entiende por insulto?


“El insulto refiere a aquellas palabras, oraciones, gesticulaciones que contienen un concepto con potencial de ofender u herir al interlocutor hacia el cual está dirigido.”(Ob. cit.)

Cuando los adultos usamos expresiones que duelen, rebajan, quitan valor a lo hecho por nuestro hijo (u otra persona), estamos insultando aunque no usemos palabras obscenas.
Probablemente los progenitores creamos que nunca hacemos esto, pero es más común de lo que parece. Expresiones como:
  • “Tu pelo se parece al de un puercoespín”
  • “¿Vas a comer otra porción? Quedarás como un globo aerostático”
  • ¡¡M’hijo, tomá avivol por favor!!
Son ejemplos donde se insulta sin utilizar palabras obscenas. Tan necesario como trabajar con nuestro hijo sobre el dolor que genera a otra persona con su insulto, es tener en cuenta nuestro uso cotidiano de ellos.

A veces el insulto parece ser el estilo o modo de vincularse en familia o en el ámbito laboral. Comentarios irónicos, bromas que duelen a otros, entrarían dentro de la definición que maneja la autora.
Parecería que hay sitios donde insultar no está mal visto o, al menos, se “comprende”. Pienso, por ejemplo, en expresiones escuchadas en el tránsito, ante ciertas políticas del gobierno, además de lo que ocurre en el deporte, donde es moneda diaria.

El trabajo sobre uno mismo permite tomar contacto con las veces que utilizamos expresiones que insultan. Y, si uno se da cuenta, puede elegir otra manera de expresarse.

Actuar también sobre las causas

El insulto incita a más violencia. Si un valor que deseamos compartir con nuestros hijos es el de la no violencia, debemos erradicar el insulto de nuestra manera de vincularnos. Y ayudar a nuestros hijos a no vincularse de esta manera.

Salvo en los niños pequeños, donde el insulto es imitación a expresiones escuchadas a los adultos, el insulto puede indicar necesidad de reafirmación personal.
Al rebajar al otro, de alguna manera el que insulta queda por encima.

Otra razón es la de pertenecer a un grupo: para ser “parte de” debo hacer lo que ellos hacen (en grupos de deportes, amigos, etc.).
Si bien hay más razones, se puede (y debe) rastrear qué es lo que está sucediendo con nuestro hijo que necesita insultar.
Alejarse para mirar mejor la situación permite encontrar pistas con las que ayudar al niño, al adolescente, a reconocer qué le sucede.

Este paso es necesario  para plantear la posibilidad de elegir otras maneras de vincularse.
  • ¿Fue un desliz de tu hijo ante una situación puntual? (se tiró agua encima y le salió una grosería)
  • ¿Utiliza las expresiones para referirse a algún tipo de situación o persona? Entonces, ¿qué siente ante ellas?
  • ¿Cómo puedes como madre acompañar a reconocer ese sentimiento y elegir otra manera de actuar? Porque no hay recetas universales. Tú encontrarás la manera de ayudarle, si te das tiempo para pensar sobre qué y cómo ocurre.

En síntesis

  • Contextualizar la situación: ¿Te ha escuchado a ti o a otro decirlas? Ten cuidado de tus palabras. Uno piensa que las “causas y sus efectos” son inmediatos, pero en los sistemas abiertos -como lo es la familia- lo común es que la causa esté separada del efecto. Quizá hoy no ha escuchado palabrotas pero sí en otro momento: cuando manejas, cuando van a ver al hermano al baby fútbol, etc.
  • Calmarse uno. Si sientes vergüenza, te enoja el lugar en que el niño dijo la expresión, puedes reaccionar de forma desmedida.
  • Cambiar la atención del niño. Puede ayudar cambiar la actividad y poner otras palabras a lo que ocurrió. Si el niño usara con pertinencia la palabra, al caerse por ejemplo, conviene no reírse ni festejar sino darle otras palabras que le permitan expresar lo que ocurrió: te caíste, golpeaste, enojaste, te duele.
  • Hablar sobre los sentimientos, tanto de los suyos como de lo que siente la persona insultada.
  • Erradicarlo de nuestra manera de vincularnos.
 “Si nuestra meta es ir por la vida haciendo a quienes nos rodean el menor daño posible, entonces es importante que entendamos los insultos” en ¿Por qué duelen los insultos? William B. Irvine.

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