Ir al contenido principal

Estrés en los niños en CUARENTENA. ¿Cómo enseñarle a organizar el tiempo?

Madre en obra. Niños en casa. Cuarentena. No tengo tiempo¿Más ocupaciones a los niños?

Pensar a los niños sin la formación escolar tradicional nos parece un desperdicio de su vida. No es solo surge el no saber qué hacer con los niños en casa, sino el temor de que "se retrase".
 
Los nacidos en el siglo pasado tenemos una fuerte impronta del tiempo lineal, de la vida como "carrera", de la necesidad de cubrir etapas para "llegar a..." 
Esta perspectiva del tiempo que "pasa" nos impulsa a recurrir a la amplia oferta de actividades que se ofrecen por las redes: ejercitaciones, experimentos, cuentos a dramatizar. 
Nos impulsa el que no "pierdan" el tiempo para que los niños estén prontos para retomar la carrera cuando llegue el momento.

¿Es bueno permitir que los niños HAGAN NADA?

La pregunta puede sonar extraña si eres de los adultos que acostumbra a ocupar el tiempo con múltiples actividades. Pero pensalo. ¿Qué tal si, además de las rutinas de estudio y limpieza del hogar, los niños disponen de tiempo para estar con ellos mismos
No dije para jugar al play o mirar tele o lo que sea. Estar con uno mismo es un acto creador que la sociedad del siglo XXI pierde de forma acelerada. 
 
Estar aquí y ahora sin "tener que" producir algo (un objeto, una tarea, una victoria, un producto de la forma que sea) lleva a encontrarse con la abundancia de tiempo personal. 
Lo primero que nos pasa ante este tiempo abundante es el aburrimiento.
Hacer nada es aburrirse. 

Pero aburrirse invita a decidir qué hacer con ese aburrimiento. Hacer nada se vuelve un tiempo de ocio creativo. Y es desde esta vivencia que podemos enseñar a los niños a organizar este tiempo de acuerdo a sus proyectos. Claro que tiene que descubrir -poco apoco- cuáles son sus proyectos infantiles (no los tuyos para cuando crezca).

Tiempo de ocio y tiempo libre

No es lo mismo uno y otro. Tiempo libre es tiempo sin obligaciones. El ocio, palabra latina que indica reposo, en Roma tenía diferentes significados: 
  • Uno era el ocio creativo (por decirlo de alguna manera), refería a un tiempo libre para pensar, crear, meditar. Era practicado sólo por las clases pudientes, porque no trabajaban.
  • Otro, el ocio de evasión, era el tiempo libre para descansar y divertirse. Una estrategia romana para controlar al pueblo era el entretenimiento del circo romano. Hoy nos controlan más eficazmente dada la variedad de diversión que se ofrece.
Cuando una persona no conoce el ocio creativo, únicamente percibe el tiempo libre (el tiempo sin deberes). Ante el tiempo libre vacío, el siglo XXI nos acostumbró a preguntar a otro: ¿qué puedo hacer? De hecho, ha creado un amplio mercado de respuestas a esta pregunta. Y los adultos las consumimos: cine, viajes, objetos, etc. 
El siglo XXI acostumbró a niños y adultos a permanecer durante muchas horas en diferentes instituciones:
  • la escuela, 
  • el trabajo, 
  • el club, 
  • talleres, 
  • yoga, etc. 
En las instituciones siempre alguien indica qué se puede hacer. Incluso cuando en la institución se propone un "juego libre", sólo se permite jugar a determinadas cosas y durante el tiempo que indican los adultos. 
Los niños de hoy no tiene posibilidades de gestionar su tiempo libre de forma creativa; ni siquiera durante sus vacaciones.
Pero ¿qué pasaría si, en lugar de dirigirla a otro, la pregunta ante el tiempo libre vacío fuera para nosotros mismos? Esta posibilidad -responder nosotros a esta pregunta- la trajo el encierro del 2020 con el cierre de las opciones del mercado. 
Muchos, al enfrentar la pregunta, aprendimos a contactar con el ocio creativo.

Enseñar a tu hijo a tener tiempo de ocio creativo

Años atrás no hubiera sugerido que ayudes a tu hijo a percibir su tiempo libre. Los niños sabían tener tiempo libre. (Te recomiendo que leas la novela MOMO, de Michael Ende).
Pero ahora es necesario. 

Cuando como padres escuchamos el ¿qué puedo hacer? de nuestros hijos, la tentación es ofrecerles respuestas para ocupar el tiempo
Bastaría con responder un ambiguo: Hacé algo y no juzgar lo que comienza a hacer. Esto abriría la posibilidad de devolverle la autonomía al niño sobre su tiempo libre (y la posibilidad de transformarlo en ocio creativo).
Digo sin el juicio adulto sobre lo que elige el niño porque para aprender a organizar el tiempo, primero tengo que descubrirme dueño del tiempo. Así que si las primeras veces elige pantalla (y antes era una opción en tu familia), pues se acepta.
 
Como niños y adultos estamos acostumbrados a consumir propuestas de otros (entre otras cosas por la vida institucionalizada), lo natural es elegir propuestas creadas por otros: juegos de pantalla, película, o algo creado por otros. Este puede ser el primer paso. 
Pero estarás de acuerdo que ocupar el tiempo libre siempre con lo mismo no es nada cerca de experimentar el ocio creativo. Si bien es parte de un proceso, conviene ayudarle a descubrir otras posibilidades para que tenga elementos para elegir. 

¿Cómo puedes ayudarlo?

Lo ideal es ir poco a poco enseñándole a tomar contacto con el tiempo libre. Vamos a ver algunas ideas que puedes hacer.

1.- Estructura una rutina global del día.  

Si tu hijo siempre participó en instituciones, dejar que se organice sin una ayuda puede crearle conflicto. Más cuando tiene que habitar en un espacio confinado, limitado.
Que el adulto establezca una rutina global, es esencial al inicio. 
Esta estructura tiene que ser amplia para que sirva de marco pero, a la vez, permita inventar propuestas

2.- No asumas tú el rol de institución educativa

Los padres tendemos a llenar el día con actividades. Mantener a los niños ocupados nos parece esencial para que no se aburran. 
Pues no. Si tu hijo ya participó de las tareas educativas deja los experimentos, ejercitaciones, búsquedas del tesoro u otra cosas pensadas para que el niño "aprenda" o "ejercite" algo (otra cosa es si esas propuestas surgen por un interés del niño y tuyo, porque el sentido es diferente).
Deja a tus hijos explorar su organización de su tiempo libre para que descubra qué le atrae. 
Junto a las exploraciones cotidianas de actividades no impuestas por adultos, llegará a reconocer qué actividades o proyectos le interesan a su edad. Y no creas que esto no es posible. Los niños pueden descrubrir si les interesa más hacer experimentos o leer historietas, pintar o resolver sudokus, inventar máquinas o lo que fuere.

3.- Limita el uso de las pantallas

El tiempo enchufado a Matrix es un tiempo pautado desde fuera. Quizá los pimeros días era un recurso, pero puedes acordar y limitar su uso
Invito a limitar el uso porque, si bien las pantallas no son un tiempo institucional como el que estamos acostumbrados, es un tiempo en que el niño no es dueño de decidir. Queda esperando que cargue un programa, que aparezca la película, que surja el chiste en la red social a la que se conecta, etc.
Las pantallas -en un 99%- forman parte del ocio de evasión de la humanidad, no del ocio creativo.
Tus hijos protestarán, probablemente; más si fueron acostumbrados a distenderse frente a un aparato. Pero explícales -de acuerdo a la edad- lo que intentas que experimente. El vacío de propuestas, el aburrimiento, la nada que habilita a todo.
Acotar el uso de pantallas para percibir el lento paso del tiempo, contrarresta la vivencia de apremio que impone la sociedad actual:
  • saber la última noticia sobre el coronavirus, 
  • pasar el último video jocoso, 
  • participar de la última propuesta en redes. 
 Nada de eso ayuda a descubrir el tiempo personal, y perderán la oportunidad de esta cuarentena.

Ofrece alternativas potentes a la tecnología

Abandonar la brillante tecnología para usar un papel y lápiz, no es atractivo salvo que tu hijo sea un pintor y quiera dibujar. Pero si tu niño nunca vivió experiencias de auto organización, no le va a resultar fácil disfrutar de la simplicidad de las cosas.
Esto no quiere decir que no pueda o que no sea realmente necesario para él aprender a decidir sobre su vida (y, por tanto, aprender a autorregular el uso de la tecnología)
Dice el refrán:
 Cuando sólo se tiene un martillo, el mundo empieza a parecerse a un clavo. 
Si tu hijo nunca vivió otro tipo de experiencias, la única alternativa divertida que conoce es conectarse: internet, juegos virtuales, redes, etc. Todo lo demás lo desvalorizará, rechazará, lo aburrirá. Porque no tiene vivencias positivas con otra manera de utilizar su vida y tiempo personal.
 
Para que sea posible aceptar un uso limitado de pantallas tienes que ofrecer alternativas, ideas de propuestas y un tiempo-espacio donde pueda explorar.
  • tomar sol, explorar la naturaleza, conectar con lo verde
  • libros, revistas de comics
  • papeles diversos para collage, gomas, cartones
  • material para modelar, dibujar, 
  • objetos con qué crear: maderas, masa, arcilla, acuarelas, botones, envases para reciclar, etc.
  • material para investigar (lupas, tarros, pinzas de ceja o similar, alambrecitos, piola, cintas, etc.)
  • ropa, telas, disfraces, cajas grandes, palillos, objetos con qué crear escenas cotidianas
Quizá vives en una casa pequeña y no hay espacio para que saque todo y deje desordenado porque "está creando". (Este tipo de situaciones ocurren las primeras veces). 
Acuerda con tu hijo que –desde tal a tal hora- se puede generar caos en determinada zona (pasillo, dormitorio, living, etc.)
El tiempo sin nada es una oportunidad para inventar
Todo aprendizaje lleva tiempo. Aprender el ocio creativo también.
 

Conectados, en red, sin adicción tecnológica

Depende la edad que tenga tu hijo que podrás influir más o menos en las decisiones sobre el uso de su tiempo. La idea no es transformar a tu hijo en un "otro" tú, sino aprender junto a él a asumir la responsabilidad de su día a día. 
No más actividades de estimulación. Los niños de hoy están hiper estimulados. Justamente lo necesario es lo otro: aprender a reconectar con nuestra esencia. Y no estoy diciendo que consuma mindfulness u otra forma de "relajación". 
Se trata de ayudarle a tomar contacto con lo vivenciado. Revisar juntos al final del día las decisiones tomadas; valorarlas y ayudarle a ver que pueden cambiarse, enriquecerse. 
No lo olvides, MadreEnObra: Ensimismarse, reflexionar, contemplar, son claves para la formación de una personalidad sana.
Una oportunidad que trajo la cuarentena, dentro de tanta dificultad económica, sanitaria, etc. es la de hacernos cargo de nustro tiempo. 
Y esto es clave para poder pensar la realidad desde otro lugar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

DESARROLLO EMOCIONAL: Cómo educas a tu hijo

El desarrollo emocional de los padres es clave en la educación de los hijos. Y si bien hoy las emociones están en el tapete, ¿qué conoces sobre ellas? Hay quienes, al hablar de emociones, ponen el foco en una clasificación: Nombran emociones básicas o primarias, y emociones secundarias. Otros emiten juicios de valor sobre ellas. A unas las llaman emociones positivas y a otras, emociones negativas.
Cuando en Madre en Obra te invito a hablar sobre este tema, es para que descubras cómo gestionas tus emociones. Cuando una madre o un padre educan solos a sus hijos pequeños, por lo general no tiene otro adulto cerca que le ayude reconocer si está enojándose con el niño.

En este artículo quiero explicarte cómo las emociones pueden afectar y dificultar el vínculo con tus hijos. Espero aportar elementos para que aprendas a descubrirlas a tiempo y decidir qué hacer con ellas. Aprender a canalizarlas no sólo enriquece tu desarrollo personal como madre. Te dará confianza para avanzar en el cami…

AMOR a los libros

Aprendí a leer junto a mi madre, cuando preparaba sus clases de literatura. Tenía por costumbre llamar nuestra atención para compartir algún pasaje. Así vine a escuchar a Horacio, Homero, Sheakespeare, Dante. A Jorge Amado, García Márquez, Neruda, Onetti.
Cualquiera caía en nuestros oídos con aquel“mirá lo qué dice aquí” que largaba al aire para el que quisiera prenderse.
En ese entonces era demasiado niña y estaba eligiendo otras cosas en mi vida. No supe reconocer toda la riqueza de aquellos breves comentarios que intercambiaban mis padres y hermanos.

Pero algo quedó latiendo.
Y cuando pude ver, vi.
Descubrí que en los libros no hay principio ni final. Que uno puede quedarse con el corazón en sintonía y unir las frases con la vida; el texto con la historia personal y afectiva. Darse tiempo para rumiar.

Logré sentir una pasión inexplicable por aquel enamorado y la muerte; saborear la incertidumbre del “vive tu vida, nada fíes del venidero”; y resignarme al ciclo de la mue…