¿Cómo describes a tu hijo? La identidad se construye también con palabras

Madre en obra. Construir la identidad. Cómo ayudar a mi hijo a ¿Qué le pasa a mi hijo? No sé como es mi hijo. ¿Por qué mi hijo actúa así? Cómo conocer a mi hijo pequeño
Muchos padres nombramos a nuestro hijo antes de nacer. El nombre es un derecho que le distingue de otros. Y más allá de lo que signifique o represente el nombre en sí, pocas veces tenemos en cuenta que éste nunca queda solo.  
Una vez que el niño nace, su nombre incorpora atributos. Éstos aumentan a medida que el niño crece, y llegan a afectar su manera de ser en el mundo.

Las palabras se pegotean a la identidad.

Cuando un niño nace, emitimos una opinión sobre cómo es. Y cuando dos o más personas adhieren al mismo parecer, la opinión pasa a tener carácter de descripción.

Por ejemplo, las primeras personas que conocimos a mi hija cuando nació, comentamos:
  • Qué menudita.
  • Qué alegre.
  • Es bastante tranquila, no llora nunca.
Quienes no la conocían nos preguntaban sobre cómo era la niña. Y apareció el "ella es”: Ella es tan menudita, ella es tan tranquila...  
No eran más que una serie de interpretaciones sobre sus gestos, pero expresadas con la fuerza creadora del verbo "ser". (Cuando uno escucha la palabra ES, dejamos poco espacio para la duda).

Al conocerla, cotejaban lo que veían con lo que habían escuchado sobre la niña. Y confirmaban -o no- el "ella es". Con el paso del tiempo la imagen de "ella es" que habíamos creado, aparecían con sólo mencionar el nombre de la niña.
Las palabras no solamente describen la realidad. La crean.

Las palabras construyen la identidad.

Es difícil -o imposible- no crear imágenes sobre lo que nos rodea. Creamos etiquetas de todo. Utilizamos palabras conocidas para dar a conocer a otros lo nuevo que conocemos (lo que dije parece un trabalenguas).
Las etiquetas permiten identificar, conocer lo que nos rodea. Por ejemplo, cuando vemos un bulto frente a nosotros, las etiquetas nos permiten identificar que ES:
  • animal, 
  • mamífero, 
  • terrestre, 
  • doméstico, 
  • felino.
Esa información nos lleva a indicar que es un GATO.

Pero cuando se trata de personas, tenemos que aprender a trascender las etiquetas. Uno puede, sin siquiera darse cuenta, quedar etiquetado y perder libertad para descubrirse a sí mismo. ¿Cuántas veces nos hemos escuchado decir "No, yo no puedo con eso"; "Eso no es para mí", aún sin experimentar o intentar de veras algo?
Y, trabajando las imágenes que a lo largo de la vida fuimos creando sobre nosotros mismos, aprendemos a intentar a hacer cosas que anhelamos pero que no intentamos por creer que no somos aptos.

Como todo niño, crecimos creyendo en los “es así” que otros dijeron sobre nosotros. Y eso hacemos ahora, como padres, sobre nuestros hijos. Porque la identidad no se forma aislada, sino junto a otros:
"La identidad se define objetivamente como ubicación en un mundo determinado y puede asumírsela subjetivamente solo junto con ese mundo. El niño aprende que él es lo que lo llaman." La construcción social de la realidad, Berger- Luckmann, p.168

La identidad en construcción.

Cuando el entorno -familiar, escolar, amigos- afirma que uno ES de determinada manera, es muy difícil creer que uno puede ser diferente. Mucho más si se es niño. 
Y por eso es necesario permitir al niño ser lo que creemos que es y ayudarle a ser lo que aún no es pero puede ser. 
Porque mientras vivimos, las personas estamos en construcción. Somos seres en obra.

¿Cómo ayudar a nuestro hijo?

Por ejemplo: Hay niños que siempre han escuchado decir que ellos son excelentes. Y llegan a creer que excelente es parte de su ser. Cuando algo sale mal y se resquebraja la excelencia, no siempre tienen elementos que les permitan afrontar la frustración. 
Una posibilidad de ayudar es abrir el espacio con palabras. Permitirles descubrir que no siempre somos de la misma manera. Enseñarles a reconocer la oportunidad que existe en el éxito, y también la oportunidad que existe en el fracaso.

O niños que toda la vida han escuchado a otros decir que son inquietos. Así andan por el mundo cotidiano, de un revuelo a otro. Cuidemos los adultos, si observamos que hay actividades en que estos niños sienten inmensa paz y están concentrados, de no recordarles "Qué raro tan quietito vos que sos inquieto." 
Aprovechemos a hacerle notar lo agradable que es vivenciar la calma en su cuerpo; como también es muy agradable vivenciar el movimiento. Abrir con palabras el espacio de su conocimiento para que pueda explorar ambas vivencias.

Porque no se trata de angustiarnos tratando de evitar que a nuestro hijo se le adhieran etiquetas. Es una lucha sin sentido. Lo que podemos hacer es aprender a ayudarles a trascender estas descripciones. Enseñarles a ver más allá de lo que la etiqueta indica. 
Y que siempre hay más de una descripción para una realidad.
uno siempre es mucho más que lo que se dice sobre uno. 

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