Estimulación temprana y oportuna en el vínculo madre e hijo

Madre en obra- Aprender a asombrarnos. Estimulación infantil


Es amplio el consenso sobre cómo la estimulación temprana impacta en el desarrollo de los niños pequeños. Pero conviene reflexionar sobre qué entiende cada uno por estimulación temprana.

Hay quienes la conciben como un cúmulo de actividades ideadas para niños de 0 a 7 años. De la cantidad y manera en que el niño practique estas actividades, será el beneficio en su desarrollo.
Otros entienden que la estimulación temprana depende de los materiales específicos que se utilizan. Así, compran objetos y manuales donde se enseña cómo estimular al niño.

No creo que ninguna de estas posiciones sea errónea. Pero mi larga trayectoria trabajando con familias y niños pequeños, me lleva a poner el foco en un tercer aspecto. No son las actividades o los materiales lo que favorece el desarrollo infantil. 
Lo que abre la disponibilidad infantil, lo que estimula al niño, es el vínculo que establece con otros seres humanos y con el entorno.  
Así de simple.

Principalmente el vínculo que establece el niño con sus padres, dado que son los primeros adultos referentes.

En esta oportunidad quiero invitarte a descubrir el estilo de vínculo que estableces con tus hijos. Para ello, te propondré observar la manera en que vives y las vivencias que compartes con ellos. Por último, compartiré contigo algunas estrategias para enriquecer tu "estar presente" en el momento que vives. 

Pero primero déjame contarte lo que sucedió hace una semana, cuando fui a la feria de mi barrio.

El tiempo se vuelve eterno cuando algo te fascina


Era un miércoles, casi a las diez de la mañana, cuando llegué a la feria. Como muchas de las personas que hacíamos compras, tenía los minutos contados.
Debía comprar lo necesario, llegar a casa, cocinar, almorzar con la familia, y partir rápido a mi trabajo de la tarde.

Entonces vi a la mamá de saquito azul.
En una mano llevaba la bolsa de la feria y en la otra, la mano de su hija pequeña.
La niña tenía alrededor de dos años, y se detenía a cada instante frente a las cosas más banales:

  • un cajón de frutillas, 
  • los papeles que envuelven a las manzanas, 
  • la ristra de ajos colgada de uno de los palos del puesto.

Miraba, primero en silencio.
Luego, con un leve tirón de mano, decía a su madre: "Mirá"

Era un día de semana, casi al final de la mañana. 
Todos estábamos apurados. Desde los vendedores hasta los que comprábamos.
Y la madre del saquito azul se detenía ante cada invitación de su hija. Se agachaba a la altura de la niña y hablaba con ella:

  • ¿Qué quieres que mire?
  • ¿Sabes cómo se llama eso?
  • ¿Te gusta la suavidad de esta fruta?

Después, continuaba las compras con cierta celeridad. También ella debería llegar en tiempo a algún otro lado. Y no por ello dejó de estar disponible para su hija.

El gesto de esa madre al:
  • agacharse, 
  • escuchar, 
  • hablar con la niña, 
da cuenta de su interés por crear un vínculo altamente rico con su hija. 

Probablemente sepa que es este estilo de vínculo entre padres e hijos lo que favorece no sólo la estimulación temprana del niño sino que esta estimulación ocurre de manera oportuna. 
En el momento en que toda la atención de la niña estaba focalizada en descubrir el mundo, ella:
  • incorporó palabras para enriquecer el vocabulario
  • invitó a la niña a explicar sus ideas
  • demostró, con su actitud, que estaba afectivamente dispuesta a acompañarla.

La capacidad de asombro hace a la calidad de vida


Ver el mundo con asombro es natural durante la infancia. Y es común que los adultos perdamos esta capacidad a medida que crecemos.
Perder la capacidad de asombro afecta nuestra percepción sobre el tiempo. Pero de eso hablaré más adelante.

Para asombrarnos, precisamos ver con todos los sentidos. Dejar entrar hasta la médula al mundo que nos rodea; permitir que nos impacte. Esto no es posible -o es poco probable que suceda-, si miramos sin ver. Ni siquiera vemos lo que ocurre a nuestro alrededor.
Y sin capacidad para ver, no hay asombro.

Los adultos cada vez más necesitamos de estímulos impactantes para que nos llame la atención:
  • Un espectáculo grandioso con fuegos artificiales incluidos
  • Una caída espectacular en un rápido video que circula por las redes
  • Una noticia terrible, que nos lleve a detener el zapping durante unos minutos
Lo común y corriente la mayoría de las veces no lo notamos. No entra en nuestro campo de percepción. Y, por tanto, no nos asombra.
Nos hemos acostumbrado a ver lo cotidiano.

Para un niño, en cambio, el mundo es asombroso.
Sus órganos de percepción reciben estímulos constantes del mundo, pero a un ritmo que lo puede procesar. Ve, escucha, huele, gusta, palpa- Logra diferenciar lo que conoce de lo que no.
Y tiene tiempo para compartir lo que le llama la atención (¡Mirá!)

Porque cuando percibimos el asombro, cuando algo nos maravilla, necesitamos compartirlo.
Es como si, en ese instante, el tiempo se detuviera. Y buscamos el encuentro con los otros: llamamos la atención al compañero de viaje, al vecino. No importa si es conocido o no.
El asombro ante lo que nos rodea nos conecta al mundo y a las personas.

Cuando no somos conscientes de lo que sucede aquí y ahora, el tiempo se dispara.
Adquiere dimensiones diferentes a cuando uno está compenetrado en lo que sucede.

El asombro se vincula con la estimulación temprana


No hablo del asombro impelida por un impulso de nostalgia ante la niñez perdida.
Tampoco para generar una lluvia de reclamos al mundo acelerado en que vivimos hoy.
Simplemente constato que, demasiadas veces, los padres (y los adultos en general) no estamos atentos a lo que sucede a nuestro alrededor.

Si hablo del asombro, es porque éste cumple una función clave en cualquier aprendizaje humano.

Vivir sin ver afecta nuestra manera de percibir, afecta nuestra manera de reconocer lo que sucede a  nuestro alrededor. Y esto tiene consecuencias en la manera de participar de la vida cotidiana.
Una de estas consecuencias es dejar de descubrir posibilidades a nuestro alrededor.

Cuando perdemos contacto con lo que ocurre alrededor, no somos capaces de descubrir alternativas. Y esto hace que, ante ciertos problemas cotidianos, sólo veamos los caminos conocidos.
(Si te interesa ahondar en este tema, te recomiendo que leas un artículo sobre los hábitos que sostenemos en la vida cotidiana. En especial el subtítulo Querer no siempre es poder)

Al comienzo afirmé que lo que estimula al niño para desplegar sus potencialidades, es el vínculo que establece con otros seres humanos y con el entorno. Principalmente, el vínculo que logra con sus padres, dado que son sus primeros adultos referentes.

Ahora, ¿qué posibilidad de establecer vínculos estimulantes tiene un padre que no es capaz de asombrarse por lo que sucede a su alrededor?

Porque conviene realizar una aclaración importante: que un padre responda a las preguntas de sus hijos, no quiere decir que establezca un vínculo estimulante para el niño.

Muchos padres responden preguntas de sus hijos. Diría que la mayoría de los padres habla con sus hijos. Y aquí estoy diciendo que hablar no es suficiente para crear situaciones de estimulación infantil.

Veamos esto con una comparación: 
Responder una pregunta mientras se lee algo en el celular, no es lo mismo que detenerse, ponerse a la altura del niño, mirar junto a él, e interesarse por lo que le llama la atención.

Eso es lo que hacía la mamá del saquito azul. Para crear vínculos estimulantes, es preciso encontrarnos con nuestros hijos.
Y no podemos encontrarnos si no notamos la presencia del otro.

Antes de continuar, te propongo que revises el estilo de vínculos que estableces hoy con tus hijos.
No justifiques ni condenes lo que sucede. Simplemente toma contacto con ello. Date cuenta lo que sucede. El responder estas preguntas puede darte una mano en ese tomar contacto:
  • ¿Cómo te interesas por lo que descubre tu hijo? 
  • ¿Cómo respondes sus inquietudes?

El estilo del vínculo afecta la estimulación temprana


Los grandes nos hemos creído en exceso que somos quienes enseñamos al niño. Desde este lugar nos perdemos -demasiadas veces- la oportunidad de aprender de ellos.

Esta desvalorización encubierta hacia la persona del niño, hacia su saber, se nos cuela de tal manera que ni siquiera nos damos cuenta.
Por ejemplo, cuando el niño habla tendemos a escuchar sin escuchar. A responder en automático. O diciendo cosas como: ¿Eso te llama la atención? es una pera.

Esta actitud nos impide conectar con lo que un niño nos enseña. Claro que no se trata de fingir o falsear ignorancia para hacer como que aprendes cosas que ya sabes.  No es eso lo que deseo analizar.
En un vínculo la sinceridad es la clave. Lo que digo es que todos, adultos o niños, somos aprendices y maestros. Todos, si permitimos que suceda, podemos aprender.

Así que, en lugar de falsear como si aprendieras del discurso de tu hijo cosas que ya sabes, aprovecha el encuentro para conectar o re-aprender lo que has olvidado.

Por ejemplo: aprender la manera en que tu hijo mira preguntándose sobre lo que le rodea.
La capacidad de asombro depende de la actitud con que participamos del lugar que habitamos.
Aprender a mirar con asombro favorece la calidad de nuestra vida, entre otras cosas, porque impacta en tomar contacto con las posibilidades que surgen a nuestro alrededor.

Esto exige una actitud determinada ante el mundo que los adultos hemos entumecido.

Los niños, en que esta capacidad de admiración está a flor de piel, pueden actuar como nuestros maestros. Podemos adoptar y ejercitar esta manera de participar de lo que nos rodea.

Y hago foco en esto porque, para que un vínculo sea oportunamente estimulante, debe favorecer a ambos. No solo al niño.
Tú, como adulto, también recibes en ese vínculo estimulante que se establece con tu hijo.

Por último, empatiza con la infancia


A la madre del saquito azul no le sobraba tiempo. 
No creo que le resultara sencillo disponerse a estar atenta a lo que sucedía a su pequeña.  

Uno tiende a explicar las actitudes sanas de otras personas como si fuera producto del azar u otra razón del estilo. No siempre somos capaces de reconocer que estas son decisiones personales. Decisiones que afectan la educación que establecen con el niño

La actitud de la mamá no era la de una persona un día de paseo. Se notaba que era consciente del tiempo porque miraba una y otra vez su reloj. Pero su calma indicaba que decidía utilizar ese tiempo a favor de su hija. 
Ella elegía un estilo de vínculo con su hija que potenciaba su ansia de aprender.

Elegir este estilo de vínculo no es simple. Pero cuando logramos esta actitud de disponibilidad, somos capaces de percibir el mundo en forma maravillosa. Es ahí cuando estamos alineados con la infancia. Y esto es clave en al educación de nuestros hijos.

Percepción adulta vs percepción infantil.

Correr es la impronta que aceptan llevar muchos adultos. Y es lo que enseñan a sus hijos.
  • Que tomen el desayuno camino a la escuela
  • Que hagan los deberes rápido antes de ir al club
  • Que viajen de un lado a otro para aprovechar el fin de semana 
Desde esta postura, los padres pueden generar sobre estímulos a sus hijos. Con la intención que no pierdan oportunidades, enfrentan a sus hijos estímulo tras estímulo.
Y esto no es nada sano.
Cuando educamos hijos desde esta percepción adulta, les enseñaremos a vivir en el estrés.
No se trata que los niños se vuelvan adultos a los diez años. 

Cuando los padres aprenden a empatizar con los ritmos infantiles, despliegan una capacidad de admirar el mundo junto a ellos.
Aprenden a sostener sus ritmos adultos y crear paréntesis o pausas donde vincularse con los ritmos del niño.

Eso lograba la madre del saquito azul.
En ningún momento la niña percibió su apremio, porque la mamá estuvo disponible para ella.

Practica tu capacidad de estar presente


Cambiar nuestra manera de percibir lo que nos rodea no es sencillo. Principalmente, porque nos hemos acostumbrado que detenernos, ver detalles, es casi una pérdida de tiempo. 
Aquí ofrezco una lista de tareas que pueden ayudarte a estar atento a lo que sucede a tu alrededor. 
Y si caminas con tu hijo, puedes transformar esta búsqueda en un juego.
  • Encuentra insectos diferentes mientras caminas por la vereda.
  • Examina cómo se desplazan. 
  • Descubre semejanzas y diferencias entre ellos.
  • Observa las hojas del suelo y descubre a qué especie de árbol pertenecen.
  • Descubre formas a las nubes.
  • Inventa constelaciones señalando las estrellas que la integran.
  • Siente la brisa en la piel.
  • Apaga las pantallas y escucha.
  • Mira cómo caen las gotas de lluvia.
  • Observa la tierra cuando riegas una planta.
  • Encuentra novedades en la planta de la maceta.
¿Qué otras sugerencias se te ocurren a ti?

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