Descubre por qué a tu hijo le cuesta vincularse

Dificultad para vincularse en niños. Autonomía social infantil. Madre en obra
Revisado; enero 2026

El vínculo entre niños

Un niño pequeño negocia con otro niño casi intuitivamente. Parecería que tiene incorporado en su ADN frases como:
  • ¿Me perdonás?
  • Vamos a ser amigos de nuevo.
  • Dejame, ¡me toca a mi!
  • Yo te doy este y vos me das ese
que le permiten -mientras juega- reconstruir los vínculos que ha roto.

Pero muchas veces esta habilidad de negociación se diluye a medida que el niño crece, en lugar de fortalecerse.
Y creo que es natural que esto pase.

¿Por qué?
Porque a medida que el niño crece, más institucionalizado está. Y esto afecta el estilo de vínculos entre pares
Que permanecer en instituciones sea bueno o malo, depende, como dice la canción. 

Lo cierto es que los niños permanecen cada vez más tiempo en instituciones. A esto se suman horas de vínculo virtual al llegar a casa. (Los vínculos en línea exigen habilidades de comunicación diferente que los vínculos cara a cara). Todo lo cual tiene consecuencias en la percepción infantil.

Por qué mi hijo no juega bien con otros niños

Los niños del siglo XXI juegan más en instituciones que en la plaza. Hoy los niños juegan diferente a los niños de finales del siglo XX. Todo ha cambiado. 
Pero esta vez no pongo el foco en los objetos con que juegan los niños de hoy, sino en las condiciones de juego

Estas condiciones están pautadas por el lugar en el que los niños de hoy se encuentran para jugar.
Lo común en este siglo es que los niños se encuentren con otros niños:
  • En instituciones educativas, clubes, o en la casa, donde siempre hay un adulto que vigila y pauta reglas.
  • En los cumpleaños infantiles, donde las animadoras son quienes pautan qué y cuándo se hace lo que se hace.
  • En las vacaciones también hay instituciones. Muchos hoteles -por ejemplo- ofrecen ciertos entretenimientos para los niños. Son propuestas muy divertidas, pero siempre bajo las reglas adultas.
Con el juego institucionalizado los niños se divierten, de eso no cabe duda. Sin embargo, cuando este tipo de juegos es su principal experiencia de juego entre pares, las consecuencias son:
  • Disminuye la posibilidad de ejercitar su autonomía (decidir sobre qué, cómo, con qué y cuándo jugar).
  • Se reducen las vivencias de autorregulación grupal (decidir sobre cuándo y cómo vinculase con otros niños).
  • Se vulneran sus tiempos y ritmos sociales.
No todos los niños marchan al mismo tiempo. Pero en las institucionales las propuestas son para todos y cuando se indica.

Por ejemplo, tu hijo está absorto dibujando y le hacen ir a psicomotricidad. Probablemente no quiera participar, se sienta incómodo en la algarabía, y no porque es antisocial.
No tuvo tiempo para adaptarse al cambio. 
Cuando esta vivencia es cotidiana, la percepción sobre el sí mismo infantil puede verse afectada.

Impacto del juego institucionalizado en las habilidades sociales del niño

Imagina una reunión informal en una empresa.
Si es una reunión de compañeros que comparten responsabilidades similares, ocurren situaciones diferentes a cuando participa el dueño o gerente de la empresa. No importa que esté de oyente, que no hable durante la reunión.
Su sola presencia modifica lo que sucede: las palabras utilizadas, los gestos, presiones y bromas entre pares, y hasta los deslices permitidos serán diferentes.

Algo similar le ocurre a los niños cuando negocian cerca de un adulto.
Se sienten supervisados.
Es cierto que:
  1. Siempre el adulto es intermediario entre el niño y el mundo. Los padres y la familia somos los primeros agentes socializadores del niño. Es decir, somos los primeros que damos pistas sobre cómo funciona el grupo social en que estamos insertos.
  2. Siempre existen normas, miradas adultas que pautan -con mayor o menor acierto- lo correcto. Cuando los niños dicen a otro "eso no se dice", es porque antes aprendieron esa norma.
Entonces, ¿en qué cambia que en lugar de negociar entre pares ahora se negocie con reglas institucionales o frente a un adulto que supervisa?
Que, ante un adulto presente, actuarán artificiosamente (como cuando está presente el gerente).
De alguna manera el niño está atento a no transgredir lo que este adulto considera bueno. En lugar de negociar entre pares, negociará como cree que el adulto espera que negocie.

Si la negociación sucede en ambientes no institucionalizados (la plaza, la vereda, etc.), aumenta en los niños la posibilidad de aprender estrategias de resolución de conflictos.
La negociación entre pares en ambientes no institucionalizados, permite que los niños vivencian:
  • el empoderamiento, cuando siente que sus ropuestas son tenidas en cuenta por otros niños;
  • la búsqueda de apoyo (alianzas), cuando necesita resolver un conflicto y solo no puede;
  • la argumentación de principios, valores, que ayuden a la solución;
  • se vuelve hábil al escuchar a otro (y, si no tiene habilidades para escuchar durante un conflicto, las adquiere por necesidad);
  • la creatividad para encontrar salidas alternativas, 
  • y más

Qué podemos hacer como madres de niños que viven institucionalizados

Si estás en esta parte, MadreEnObra, no busques poner una solución ya. La realidad que aquí describo tiene que ser analizada en el contexto en que el niño vive. Me interesa enfocar en esta limitación de las habilidades sociales naturales en el niño para que no se tome al individuo (al niño que sufre) como que "algo le pasa a él". 
No necesariamente tu hijo sufre un Trastorno Reactivo de Apego, o Transtorno de Personalidad Antisocial u otra de las numerosas categorías con que la farmacología y medicina clasifican a las personas. Quizá, simplemente, no tiene vivencias que le empoderen y animen a vincularse de forma sana. Y, si ese es el caso, conviene ayudarle a adquirir estas vivencias. 

Nos han acostumbrado a que, una vez detectado el qué sucede, hay que hacer algo. Encontrar el cómo solucionarlo. Y es un error. La mayoría de las veces, lleva a respuestas simplistas.

Por ejemplo, si un niño tiene dificultades para vincularse lo simplista es intervenir sobre él: llevarlo a talleres, enseñarle “cómo” relacionarse, corregir su conducta o empujarlo a situaciones para las que aún no está preparado.
Sin embargo, revisar las condiciones sociales en las que ese niño vive nos dará una respuesta más acertada. 
Un niño, para desarrollar habilidades sociales en las instituciones actuales, necesita:  
  • Tiempo, continuidad y espacios reales de encuentro para desarrollar sus habilidades sociales. Quizá en un parque con niños diferentes a los que acostumbra a vincularse, donde vivencie el disfrute del juego y que tú, en otro momento, puedas retomar esa vivencia y devolvérsela a él. Decirle algo como "Así como en X lugar hablaste y dijiste a qué o cómo jugar, en tu escuela puedes hacer lo mismo. Al principio quizá te cuesta, pero tienes que saber que puedes hacerlo"
  • Juego libre, grupos pequeños, entornos donde comience a sentirse seguro entre sus pares Puedes hablar con el personal de la institución y preguntar si es posible generar ese tipo de propuestas, donde él sienta que puede comunicarse con otros. 
  • Adultos que observen sin que los niños se sientan observados por ellos, permitiendo ciertas fricciones y sus resoluciones. Sin subestimar al niño que le cuesta integrarse, hablando por él. 
  • Adultos que se acerquen de forma casual a ambos bando, cuando surge fricción, averigüe sin invadir ni juzgar, qué sucedió y cómo se dio la solución. 
  • Adultos que sepan reconocer cuándo hay fragilidad en unos y cuándo abusos en otros, para enseñar a ambas partes lo que necesitan aprender. Tanto el agresor como el agredido deben aprender a integrarse. 
Ayudar a un niño a relacionarse no es entrenarlo para que encaje. Es ofrecerle experiencias que lo inviten a salir al mundo con confianza. Cuando las condiciones cambian, muchas veces el niño cambia con ellas. Y entonces deja de parecer “un niño con dificultades” para mostrarse como lo que es: un niño que necesitaba otras vivencias para poder vincularse.

Cómo ayudar a un niño a vincularse con otros


Vamos a seguir pensando en cómo intervenir sobre esta realidad sin angustia, evasión ni etiquetas. Como cierre, resumo las ideas fuerza de lo que propongo:
  • Dejar de mirar al niño como el problema (o porque agrede o porque se aísla)
    El foco no está en “corregir” al niño, sino en revisar el contexto en el que vive, juega y se vincula.

  • Reducir la sobreintervención adulta
    Muchos niños no se vinculan porque nunca tienen el espacio real para ensayar vínculos propios.

  • Ofrecer experiencias relacionales significativas, no entrenamientos
    Vínculos sostenidos, tiempo compartido, juego no dirigido, pequeños grupos.

  • Respetar los tiempos del niño
    No todos los niños se vinculan igual ni al mismo ritmo. Forzar la socialización suele generar más retraimiento.

  • Confiar en la potencia del juego libre
    El juego es el lenguaje natural de la infancia para aprender a relacionarse.

Comentarios

  1. Muy interesante el tema. También creo que las instituciones obligan a que todos los niños lleven el mismo ritmo, igual que en la vida adulta. Y esto a algunos les perjudica y les resta oportunidades de desarrollarse y brillar.
    Pero la parte de la supervisión no coincide con lo que veo a diario. Supongo que también varía mucho según la edad de la que estamos hablando. Yo soy madre de un niño de 4 años (ya su segundo año de colegio) y otro de dos (en casa conmigo), y mi experiencia es otra. Mis hijos, ambos pero sobre todo el mayor, son buenos negociadores. Es cierto que pasan poco tiempo en instituciones, el pequeño nada, sobre todo comparados con su entorno. Pero también es cierto que tanto yo como su padre los supervisamos y dirigimos en el sentido de corregir malos gestos y dar ejemplo en la solución de problemas y conflictos. En contraste, otros niños de nuestro entorno de las mismas edades son la mayoría más agresivos y menos empáticos, y por tanto nada negociadores. Coincide que algunos pasan más tiempo en instituciones, pero en todos coincide que tienen padres más ausentes, a veces aunque estén presentes. Padres e cuando estamos en el parque o en la plaza apenas supervisan lo que ocurre durante sus interacciones de juego libre, y rara vez intervienen. En los recreos del cole viene a ser parecido, por lo que me cuenta mi hijo (consecuencias también de la masificación y lo que tres profesoras pueden ver en un patio de 80 niños). El caso es que entre los niños acaba imperando la ley de la selva, en la que imponen su criterio los más fuertes físicamente o los más mandones, que a esa edad usan incluso amenazas matoniles para "convencer" a otros.
    ¿Coincide en algo con tu experiencia? ¿Crees que los impulsos naturales de los niños son a veces poco negociadores?

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    Respuestas
    1. ¡Hola, y gracias por tu aporte!
      Creo que, como señalas, lo que ocurre en la familia define la educación afectiva que le permite –o no- resolver conflictos al niño. Desentenderse no es camino.
      Por otra parte, noto que la vida acelerada de muchas familias de hoy, dejan esta educación en manos de las instituciones. Es necesario retomar la tarea. La negociación se trata de un aprendizaje social. En este aprendizaje interviene la educación recibida en casa y lo que sucede en la situación de juego. Cuando el juego se realiza entre pares pero únicamente bajo reglas adultas, los niños no pueden explorar sus potencialidades y terminan generándose situaciones complicadas si no interviene el adulto.
      Es paradójico. Pues es esta intervención la que dificulta el aprendizaje del grupo.
      Una alternativa, y hablaré de eso en el próximo artículo, es cuidar el estilo de intervención adulta.
      No se trata tanto de dejar que se arreglen solos como de habilitar a que puedan hacerlo. Y para esto, la manera en que educan los padres, la manera en que educan las instituciones y la creación de grupos, entramados, de amigos, son básicos.

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    2. Gracias por la respuesta! Me interesa saber más sobre el tipo de intervención adulta que ayuda a los niños en su autonomía. La verdad es que yo le pongo mucha voluntad, pero me cuesta encontrar referentes a mi alrededor. La mayoría de padres (recientes o no, incluso ahora abuelos) que conozcon son de dos tipos: que los niños se arreglen entre ellos o que no den un paso sin que les esté soplando un adulto el cogote.
      Estaré atenta a que publiques sobre ello.

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