Para conectar con la infancia, ejercitar el asombro.

Madre en obraAunque hay objetos que colaboran, es la capacidad de admirar lo que da distinción a nuestra vida. 
Vengo de la feria; de una feria que no es "mi feria".
Y quizá porque era más grande que la mía o por otra cosa, me vi observando la situación embelesada. Como si nunca hubiera ido a una feria de barrio.

Fue un segundo, y me sentí niña. No es que recordé mi infancia.
Sentí inmenso placer al mirar asombrada algo tan común como una feria de barrio. 

La capacidad de asombro hace a la calidad de vida.


Ver el mundo desde otra perspectiva es natural durante la infancia.
Cuando como madres sentimos el mundo desde el asombro "primera vez", podemos comprender que nuestros hijos se detengan ante un cajón de peras durante diez minutos.

Eso le pasó a la mamá que encontré hoy.
Su hija no sólo se detenía a cada instante sino que la invitaba a disfrutar su descubrimiento.
"Mirá", decía con una cara más asombrada que la mía al comenzar el recorrido.
Y la madre miraba.
Se detenía. Esperaba.
Y cuando la niña preguntaba, respondía.

No sentí que le sobraba tiempo. Su actitud era la de elegir. Sí. Sentí que era consciente del tiempo porque miraba una y otra vez su reloj.
Pero su calma indicaba que decidía utilizar ese tiempo a favor de su hija y no de las tareas que -obviamente- estaba postergando.

Madre en obra. Capacidad de asombro. Educar hijosRecuperar nuestra capacidad de asombro.

Si es que la has perdido, por supuesto.
Probablemente, si hace poco eres madre, estás bañada de capacidad de asombro. Estoy convencida que mamá Naturaleza nos provee de una buena dosis para disfrutar cada momento de la vida de nuestro hijo.

Pero lo común es ir dejándola de lado a medida que el hijo crece. 
Es hora de traerla nuevamente a tu vida. 

La capacidad de asombro depende de la actitud con que participamos del lugar que habitamos

Es así: el asombro es una actitud. Podemos adoptarla de nuevo y ya no necesitar espectáculos extraordinarios para maravillarnos de la vida. 
Te invito a mirar descubriendo, a mirar como niña pequeña. 

Por ejemplo:

  • Encuentra insectos diferentes mientras caminas por la vereda.
  • Examina cómo se desplazan. 
  • Descubre semejanzas y diferencias entre ellos.
  • Observa las hojas del suelo y descubre a qué especie de árbol pertenecen.
  • Descubre formas a las nubes.
  • Inventa constelaciones señalando las estrellas que la integran.
  • Siente la brisa en la piel.
  • Apaga las pantallas y escucha.
  • Mira cómo caen las gotas de lluvia.
  • Observa la tierra cuando riegas una planta.
  • Encuentra novedades en la planta de la maceta.

Por último, empatizar con la infancia.

Cuando logramos esta actitud de percibir el mundo en forma maravillosa, estamos alineados con la infancia. Y esto es clave para seguir educando nuestros hijos.

No se trata que ellos se hagan adultos a los diez años. Se trata que nosotros, que tenemos en nuestra historia la vivencia de haber sido niños, aprendamos a empatizar con esa capacidad de admirar el mundo.
Y aquí, una pequeña aclaración: que ejercites la empatía con tus hijos no indica que no sepas poner límites. 
Sobre eso conversaremos en otra oportunidad. 
Recuerda que
el amor impulsa.

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