La identidad de tu hijo pequeño y las palabras que se dicen sobre él

Madre en obraEs cierto que el nombre es un derecho que distingue, identifica a nuestro hijo. Pero no siempre tenemos en cuenta que el nombre nunca queda solo. Que incorpora atributos a medida que el niño crece. 
Y son estos atributos los que afectarán su manera de ser en el mundo. 

Lo que atrae el nombre.


Cada vez que nace un niño, describimos cómo es. 
Cuando mi hija nació, por ejemplo, las primeras personas que la conocimos expresamos una opinión sobre ella. 
  • Qué menudita.
  • Qué alegre.
  • Es bastante tranquila, no llora nunca.
Cuando dos o más personas adheríamos al mismo parecer, la opinión pasaba a tener carácter de descripción

Surgió el “ella es”. 
No eran más que una serie de interpretaciones sobre sus gestos. Pero esas interpretaciones quedaban adheridas a su persona. 

Quienes la conocieron más tarde, cotejaban lo que veían con lo que habían escuchado sobre la niña. Y confirmaban -o no- el "ella es". 
Llegó un punto en que -al nombrarla- surgía la imagen de "ella es" que habíamos creado. Aunque la niña no estuviera presente.
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Emitir juicios, clasificar, es parte de la manera en que los seres humanos conocemos el mundo. Cuando vemos un gato, por ejemplo, sabemos que es un animal, mamífero, terrestre, doméstico, felino. 
Las etiquetas permiten identificar, conocer lo que nos rodea. Pero cuando se trata de conocer personas, tenemos que aprender a trascender las etiquetas. Especialmente hay que tener cuidado en el caso de los niños. 

Porque los niños crecen creyendo en los “es así” que le dicen los otros. Tanto si lo dicen sus padres como si lo dicen personas muy cercanas. La identidad no se forma aislada sino junto a otros:

"La identidad se define objetivamente como ubicación en un mundo determinado y puede asumírsela subjetivamente solo junto con ese mundo. El niño aprende que él es lo que lo llaman"  
La construcción social de la realidad, Berger- Luckmann, p.168


Las etiquetas no deben ser inamovibles.


Es difícil (o imposible) no crear imágenes sobre otra persona. Sin darnos cuenta, de acuerdo a las interpretaciones que hacemos sobre lo que nuestro hijo hace, creamos etiquetas.

Y lo que se inicia en la familia y allegados, continúa luego en la escuela. Otros atributos -positivos o negativos- se suman al “cómo es” de nuestro hijo. 
Si tiene o no habilidad para esto o aquello. Si es "buen compañero" o no.

Con poco más de dos años un niño ya carga con nuestras valoraciones, descripciones. Atributos que condicionan su ser:
·        es inteligente,
·        es irresponsable,
·        es peleador
·        es incapaz de hacerle daño a nadie, etc.

Lo bueno de esto es que ayuda al niño a identificarse. A crear identidad.
Lo no tan bueno, es cuando sólo se ven las etiquetas y no a la persona que crece, se transforma, aprende. 
Cuando se cree que una persona es la etiqueta.

No importa si los atributos son buenos o malos. Lo que importa es que nuestro hijo no los perciba como fijos. Porque cuando los atributos quedan fijos, el niño sufre.
Por ejemplo, un niño con un atributo fijo de “muy inteligente”, si saca malas notas puede sufrir muchísimo. O llevarle a una autoexigencia excesiva para no defraudar lo que se espera de él.

Ayudarles a crear su identidad.


Cuando el entorno -familiar, escolar, amigos- afirma que uno es de determinada manera, es muy difícil creer que se puede ser diferente. 
Mucho más si se es niño.

No podemos evitar que a nuestro hijo se le adhieran etiquetas.
Sin embargo, lo que podemos hacer es aprender a trascender estas descripciones
Ver más allá de lo que la etiqueta indica.

¿Cómo hacerlo? Defendiendo esta premisa: 

uno siempre es mucho más que lo que se dice sobre uno. 

De hecho, uno siempre es mucho más que lo que uno cree que es.

Sí, MadreEnObra. Se trata de ver más allá de las etiquetas y enseñar a nuestros hijos a hacerlo. A ser flexibles con ellos mismos y con otras personas.
Una manera es cuidar nuestras actitudes y comentarios.  

Nuestro hijo no "ES" un ser acabado sino que va "SIENDO". Va creando su manera de ser mientras vive. 
Y nuestra tarea es acompañarlo.

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