Cómo crear condiciones que favorezcan el pensamiento de tu hijo

Sucede que Piaget tenía razón: las personas creamos ciertas estructuras de pensamiento a lo largo de la vida. Y son estas estructuras, que cada vez se vuelven más complejas, las que permiten conocer.

Las madres estimulan durante los primeros meses de vida a su bebé. No sólo la madre dedica tiempo de su maternidad a la estimulación del bebé. La familia entera habla al niño, respeta sus rutinas, ofrece vivencias enriquecedoras.

Pero ¿qué pasa cuando el niño crece? ¿Cuando los esquemas sensomotores dan pie a los esquemas representativos de escenas, sucesos e historias?
¿Qué sucede en la familia cuando el niño deja la cuna, va al jardín de infantes o maternal y recorre el mundo con su media lengua?

Breve reseña sobre esquemas de pensamiento.

Voy a hacer una apretadísima reseña sobre los esquemas de pensamiento. 
Se llama esquema a las representaciones psicológicas que las personas hacemos sobre un determinado aspecto de la realidad en un momento puntual, concreto de nuestra historia.

A medida que crecemos y ampliamos nuestras experiencias y conocimientos, estas representaciones se van enriqueciendo y transformando. 
Los esquemas representativos continúan en la vida adulta. Sólo que, a diferencia del niño, el adulto los aplica en forma más flexible, están más eficazmente articulados con el resto de conocimientos que posee.

Después de los esquemas sensomotores, el niño comienza a crear esquemas de representación. Estos incluyen:
  • Los esquemas de escenas: integran los conocimientos sobre las relaciones físicas entre objetos y las relaciones espaciales que hay entre ellos. Por ejemplo, cuando el niño guarda un juguete en su lugar, está utilizando este tipo de representaciones de escenas. Estos esquemas permiten anticipar acciones y relaciones.
  • Los esquemas de sucesos: entran en juego los aspectos temporales de la acción. El niño no sólo reconoce relaciones entre objetos sino que logra representarlas en secuencias temporales. Por ejemplo, cuando el niño recuerda que antes se lava las manos y después almuerza, pone en juego representaciones de una determinada secuencia temporal.  Las rutinas -esos gestos que se repiten en un mismo orden- son ideales para ayudar a fomentar el uso de estos esquemas, que luego derivarán en otros conocimientos.
  • Los esquemas de historias: ocurren cuando el niño logra establecer relaciones causales que integran el entramado de la historia o cuento que hace.
Madre en obra. Estilos educativos. Pensamiento infantil
Las rutinas intervienen en la adquisición de los esquemas representativos.


Vimos que los niños construyen las primeras nociones temporales a partir de sus vivencias personales. Y cómo las rutinas ayudan y permiten al niño a ubicar sus acciones en unas coordenadas espacio-temporales cada vez más complejas.

Las rutinas dan seguridad al niño.


Les permiten anticipar lo que viene. No sólo es la manera en que incorpora los ritmos temporales, sino que las rutinas son claves en su estabilidad emocional.
Cambiar abruptamente las rutinas a un niño puede generarle temor. Y es común que manifieste ese sentimiento a través del enojo. 
Pero hablaremos sobre el enojo infantil en otro momento.

Acelerar las rutinas dificulta procesar vivencias.


La vida acelerada de hoy también afecta al niño. Cuando los padres aceleramos las rutinas infantiles (vestirse y desvestirse solo, preparar juntos el desayuno, etc.) estorbamos el procesamiento de la vivencia a su ritmo. 
Ya sé que los adultos hacemos las cosas más rápido que un niño. 
Pero el niño precisa que decante cada momento que vive. Está creando tramas de pensamiento mientras actúa.

Cada vez que aceleramos los procesos externos, les complicamos la vida porque no le damos tiempo al niño a que consolide lo que experimenta. 
Impedimos que lo que hace se acompase, se acomode a sus procesos internos. 


El niño de hoy muchas veces vive sin poder procesar sus vivencias.



¿Cómo puede una madre favorecer la consolidación de esquemas representativos?

Una sugerencia sencilla: 
cuida y permite las rutinas en la vida de tu hijo. Además de permitir que el niño haga, es necesario conversar sobre lo que hace. Esto ayuda a tomar contacto con su acción.

Otra sugerencia: 
Dale tiempo para que observe semejanzas o diferencias entre acciones diversas aunque semejantes.

Por ejemplo, permite que tu hijo explore:
  • Secuencias donde importa el orden: 
    • Vestirse y desvestirse. Cuando nombras el orden, amplías su conocimiento pues introduces términos temporales: primero te pones las medias, después los zapatos.
  • Secuencias donde no importa el orden:
    • Preparar el desayuno, la mochila del colegio, etc. Da lo mismo si se coloca el azúcar antes que la cocoa.
  • Notar el tiempo que lleva ir desde un punto a otro:
    • Caminar de casa a X sitio. Trata que los traslados no siempre se hagan en vehículos. Conversar con el niño para que note esta diferencia.
  • Descubrir la simultaneidad de acciones:
    • En la placita, por ejemplo, mientras tú te hamacas, Fulano está en el tobogán. La simultaneidad es un concepto temporal complejo para el niño.
  • Planificar, prever, recordar.
    • Esperar que llegue X día y usar el almanaque para acompañar la espera. Llegado el día, recordar cosas que sucedieron mientras se esperaba. La espera es uno de los aprendizajes témporo-espaciales más difíciles para el niño.
Y puedes problematizar, ayudarle a pensar sobre lo que va viviendo tu hijo. Por ejemplo, 
·        El orden temporal no es igual siempre: no importa en qué orden prepares la mochila pero sí afecta al ponerse los zapatos.
·        O el abrigo: se pone por último y es lo que se saca primero.

Para cerrar.

Toda madre debe encontrar un estilo educativo
Un estilo que sea adecuado a su modalidad y a la de su hijo.

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Puede ayudar a otras madres en la tarea de educar a sus hijos.
Hasta la próxima.

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