Reparaciones en casa, ¿territorio masculino?

Hace más de diez años me mudé aquí, y llamé a ésta la casa de los mil pesos. 
Cada presupuesto que solicitaba, fuera al herrero, electricista, sanitario, era de mil pesos.
Reparaciones que no llevan ni media hora de trabajo. Por supuesto que esos trabajos valen, pero no ese dinero. Y cuando uno madre está sola para sostener la casa, cada peso cuenta.
Madre en obra. Reparaciones del hogar
El colmo fue cuando necesité colocar una malla de alambre en un ducto de aire de la azotea: mil pesos.
- Pero si es poner unos clavos en cada extremo y extender la malla, indiqué.
- Pues hágalo usté, señora.

No lo pensé más. Fui a la ferretería a comprar los materiales.
El vendedor me aconsejó y explicó paso a paso el proceso. 
Elegí el mejor martillo que tenía, los clavos de acero con enganche (unos de 9 centímetros), alambre para unir la malla.
Subí con todos los materiales, medí, marqué, tomé uno de los clavos, el martillo y comencé a clavar.

"De los errores se aprende"

1.- Que una herramienta sirva para mucho no significa que sirva para todo.


Un martillo es una herramienta genial.  Yo soluciono mil cosas a martillazo limpio. Pero esta vez el impacto fue tal, que después de dos o tres golpes tuve que parar y colocarme la muñequera elástica.

Sí, pagué los mil pesos. Pero esa no es la lección.
Si en lugar de obsesionarme con la herramienta que conocía hubiera investigado un poco, me habría dado cuenta que -en este caso- un taladro con percutor era la herramienta acertada.

Esta es la lección:

Madre: No se trata únicamente de saber utilizar la herramienta. Averigua qué otras herramientas pueden ayudarte a reparar lo que deseas.

2.- No por saber reparar tu casa, tienes que hacerlo.


Sí, MadreEnObra. Este aprendizaje también me costó lo suyo.
Cambiar una colilla, reparar un enchufe, realizar una extensión eléctrica, son cosas sencillas. Requieren algo de conocimiento. Pero una vez que lo tienes, es fácil de realizar.

Pintar una casa quizá no requiere de tanto conocimiento.
Pero nunca, repito: nunca sentí que mi casa era tan inmensa como cuando me puse a pintarla.
Nunca le encontré tantos defectos a una pared como cuando pasé enduído.
Ni te cuento el lío que hice. ¡El tiempo que me llevó!
Y el dolor de espalda posterior.

¿La lección?


No se trata que sepas hacer la reparación. Valora si estás con la energía y el tiempo para hacerlo. Piensa qué harán tus hijos mientras tú reparas, porque no siempre tienen edad de quedar solos o de ayudarte.
Creo que hay reparaciones en las que no vale la pena invertir tu tiempo de descanso.
Pero, si aún así decides hacerlo, hazlo en etapas. Aunque demores más.


3.- "Te toman el punto porque no sabés nada sobre reparaciones".


La frase me la dijo un amigo cuando vivía la racha de los mil pesos.
Y tenía razón.

Hay una realidad, MadreEnObra: las mujeres tenemos pinta de no saber nada sobre reparaciones. Más aún. La mayoría de las mujeres no sabemos nada
No sabemos:

  • Que existe un alicate que no es el de las uñas.
  • Que para perforar concreto se usan brocas diferentes que las que perforan madera.
  • Que cuando hablan de colilla no se refieren al cigarro que tiene medio caído en la boca. 
  • Que al pinchito se le llama macho y al aujerito se le llama hembra, etc.

En el mundo de las reparaciones conviene demostrar que uno sabe de qué se nos habla.

Recuerda la lección:


Hay que aprender. 
Y cuando te dan presupuestos podrás valorar si el más barato es más barato o simplemente se hizo a medias.

Hay obreros y obreros, MadreEnObra. 


Esto es importante tenerlo presente: la mayoría de los obreros son buenos técnicos y buena gente. No tratarán de engañarte y su asesoramiento será acertado.
Pero no quiere decir que sean esos los obreros que concurren a tu casa.
Lo mejor es asesorarte antes sobre la reparación que quieres hacer.

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