Cuando se intenta ser mejor madre en lugar de ser la mejor "tú"


Muchas mujeres nos convencimos (o nos convencieron) que para ser madre tenemos que dejar de hacer:
  • Dejar de estudiar,
  • de trabajar,
  • de salir a caminar por ahí,
  • de mirar las estrellas en silencio 
No siempre es una decisión pensada. Pero siempre termina siendo una decisión que pesa. Y, cuando algo pesa, molesta. Una molestia que termina trasladándose a nuestros hijos. O, incluso, nos lleva a la depresión.
Madre en obra. Depresión. Tristeza de madre

¿Aún crees que, para ser madre, debes alejarte de ti misma?
Si esto te pasa, llegó la hora de mirar qué hay en tu mochila. 

No cambies la realidad, cambia el enfoque.


Te cuento una experiencia: Antes de ser madre, fui caminante. 
Aunque me llevara más tiempo, iba caminando a la mayoría de los lugares. Sin apuro, a veces sin destino. 
Caminaba por el placer de sentir el equilibro en el cuerpo cuando se balancea entre uno y otro paso. Y la libertad de pasear.

Cuando nació mi hija, esto cambióAl principio la sacaba en el cochecito y, aunque las caminatas no eran tan largas, existían. 

Pero a medida que crecía, quería practicar. Ante cada persona, cada perro, cada flor, mi hija se paraba y la miraba. 
O le hablaba. O todo junto en su media lengua y su paso corto. 
Las caminatas se redujeron casi a nada. 

Mirando mi realidad (ser madre sola) explicaba desde ahí el por qué ya no caminaba. De alguna manera responsabilizaba a mi hija: “Como ella quiere caminar, ya no puedo pasear como antes”.

Hasta que un amigo me dijo:
Lo que te pasa no es responsabilidad tuya ni de tu hija. Sólo es parte de tu nueva realidad.

Esa frase me dio rabia. 
Porque, desde ese día, cada vez que daba la explicación, me chirriaba. Sentía que no estaba siendo justa al responsabilizarla. 

Y me di cuenta que le dedicaba demasiado tiempo a explicar lo que pasaba. Como si encontrar razones y responsables solucionara el asunto.

En otra charla con este muchacho, me dijo ¿Por qué no te comprás una bici? 
Te permite:
  • llevar a tu hija en la sillita, 
  • sentir el equilibrio 
  • y te devuelve la libertad de pasear.

No es lo mismo caminar que andar en bici. 
Pero, lo confieso, fue lo que devolvió mi cable a tierra. 
Y era eso lo que yo necesitaba.


Cuando se deja de hacer lo que uno disfruta.


Hay cosas y cosas. Algunas son cosas nomás y otras son puertas que llevan a nuestra mujer interior. Allí donde se fragua la alegría y el sentido en nuestra vida. Por eso tienes que ser sincera contigo:

  • ¿Qué cosas que te encantaba hacer, dejaste a un lado cuando iniciaste tu pareja? 
  • ¿Qué cosas que te encantaba hacer,  abandonaste cuando nacieron tus hijos?
  • ¿Hay algo de eso que te gustaría volver a hacer?

Simplemente escribe de qué se trata. No anotes el motivo por el que no puedes hacerlo.

Y digo esto para que no expliques que:
  • trabajas más horas. 
  • atiendes la casa y la educación de tus hijos.
  • estás agotada como para hacer algo más.
No necesitas explicarlo; lo sé. 
De hecho, es real. Es -por ahora- tu realidad.
Y cuando vivimos una realidad cotidiana, nos parece imposible de cambiar. 

Pues no la cambies. No te pelees con lo imposible.


Ni te resignes a ello.

La clave es recuperar tu cable a tierra.


No tienes por qué cambiar nada a tu alrededor. 
Sólo se trata de aprender a mirar diferente.

Cambia tu mirada. Eso basta para que percibas diferente tu mochila. Porque toda madre sola sabe que a veces la maternidad pesa.
No te quedes en ese dolor. Habla con otros. Y, principalmente, mira lo que vives desde otro sitio.
Es la puerta para que surjan alternativas.

Te vuelvo a preguntar:
  • ¿Qué cosas que te encantaban, dejaste de hacer desde que eres madre? 
  • ¿Fueron sustituidas por otras que te encantan?
  • ¿Cuándo vas a comenzar a recuperar tu cable a tierra?

No se trata de resignación.
Busca aquello que sacaba la mejor versión de ti misma. Y encuentra la mejor adaptación para volver a sentirlo.
Deja que suceda una resignificación de lo que vives.

Claro que  no será exactamente lo mismo que te gustaba hacer.
El tiempo pasó.
Si antes era bailarina de ballet y ahora estás en una silla de ruedas, no puedes bailar de aquella manera. Pero puedes bailar cada día, si eso te devuelve el cable a tierra.

No dejes de amarte. Sí. Amarte a ti profundamente. 

Amar impulsa.

Y eso es vital cuando lideras a una familia.

Por último, MadreEnObra.


La solución no está en las explicaciones verbales, sino en mirar lo que sucede con "otra" cabeza.

Y aceptar que todo tiempo pasado ya pasó.
Incluso el de tomar decisiones sin tenerte en cuenta.

Sí, MadreEnObra. Llegó el momento de crear tu tiempo futuro.
El momento de aceptar que tú eres la clave en tu vida.
Y comprender que
todo, absolutamente todo, comienza hoy.

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