Cómo descubrir por qué a tu hijo le cuesta vincularse con otros niños

Un niño pequeño negocia con otro niño casi intuitivamente. Parecería que tiene incorporado en su ADN frases como:
  • ¿Me perdonás?
  • Vamos a ser amigos de nuevo.
  • Dejame, ¡me toca a mi!
  • Yo te doy éste y vos me das ese
que le permiten -mientras juega- reconstruir los vínculos que ha roto.

Pero muchas veces esta habilidad de negociación se diluye a medida que el niño crece, en lugar de fortalecerse.
Y creo que es natural que esto pase.
Madre en obra. Vínculos. Afectos
¿Por qué?
Porque a medida que el niño crece, más institucionalizado está. Y esto afecta el estilo de vínculos entre pares

Que lo dicho sea bueno o malo, depende, como dice la canción. 
Lo cierto es que los niños permanecen cada vez más tiempo en instituciones. A esto se suman horas de vínculo virtual al llegar a casa. (Los vínculos en línea exigen habilidades de comunicación diferente que los vínculos cara a cara). Todo lo cual tiene consecuencias en la percepción infantil.

Jugar en instituciones.

Los niños del siglo XXI juegan diferente a los niños de finales del siglo XX. Todo ha cambiado. 
Pero el cambio en el que enfoco no es el de los objetos con que juegan. 

Me interesa el cambio en las condiciones de juego. Y estas condiciones están pautadas por el lugar en el que los niños de hoy se encuentran para jugar.

Lo común en este siglo es que los niños se encuentren con otros niños:
  • En instituciones educativas, clubes, o en la casa, donde siempre hay un adulto que vigila y pauta reglas.
  • En los cumpleaños infantiles, donde las animadoras son quienes pautan qué y cuándo se hace lo que se hace.
  • En las vacaciones también hay instituciones. Muchos hoteles -por ejemplo- ofrecen ciertos entretenimientos para los niños. Son propuestas muy divertidas, pero siempre bajo las reglas adultas.

Con el juego institucionalizado los niños se divierten, de eso no cabe duda.
Sin embargo, cuando este tipo de juegos es su principal experiencia de juego entre pares:
  • Disminuye la posibilidad de ejercitar su autonomía (decidir sobre qué, cómo, con qué y cuándo jugar).
  • Se reducen las vivencias de autorregulación grupal (decidir sobre cuándo y cómo vinculase con otros niños).
  • Se vulneran sus tiempos y ritmos sociales.

No todos los niños marchan al mismo tiempo. Pero en las institucionales las propuestas son para todos y cuando se indica.

Por ejemplo, tu hijo está absorto dibujando y le hacen ir a psicomotricidad. Probablemente no quiera participar, se sienta incómodo en la algarabía, y no porque es antisocial.
No tuvo tiempo para adaptarse al cambio. 
Cuando esta vivencia es cotidiana, la percepción sobre el sí mismo infantil puede verse afectada.

La supervisión permanente, afecta.

Imagina una negociación en una empresa.
Si es una reunión de compañeros que comparten responsabilidades similares, ocurren situaciones diferentes a cuando participa el dueño o gerente de la empresa. No importa que esté de oyente. Aunque las normas sean las mismas, su sola presencia modifica lo que sucede: las palabras utilizadas, los gestos, presiones entre unos y otros, y hasta los deslices permitidos.

Algo similar le ocurre a los niños cuando negocian cerca de un adulto.
Se sienten supervisados.
Es cierto que:
  1. Siempre el adulto es intermediario entre el niño y el mundo. Los padres y la familia somos los primeros agentes socializadores del niño. Es decir, somos los primeros que damos pistas sobre cómo funciona el grupo social en que estamos insertos.
  2. Siempre existen normas, miradas adultas que pautan -con mayor o menor acierto- lo correcto. Cuando los niños dicen a otro "eso no se dice", es porque antes aprendieron esa norma.
Entonces, ¿en qué cambia que negocie con reglas institucionales o un adulto que supervice?
Que, ante un adulto presente, actuarán artificiosamente (como cuando está presente el gerente).

Si la negociación sucede en ambientes no institucionalizados (la plaza, la vereda, etc.), aumentan la posibilidad de aprender estrategias de resolución de conflictos.

La negociación entre pares en ambientes no institucionalizados, permite que los niños vivencian:
  • el empoderamiento, cuando sienten que es tenido en cuenta por otros;
  • la búsqueda de apoyo, cuando necesita resolver un conflicto;
  • la argumentación de principios, valores, etc. que ayuden a la solución;
  • se vuelve hábil al escuchar a otro (y, si no tiene habilidades para escuchar durante un conflicto, las adquiere por necesidad);
  • la creatividad para encontrar salidas alternativas, 
  • y más

Antes de terminar.

Si estás en esta parte, MadreEnObra, quizá es porque concuerdas con esta mirada.
O quizá te preocupe sobremanera la injerencia que tienen las instituciones en la infancia.
En ambos casos, no busques poner una solución ya.

Nos han acostumbrado a que, una vez detectado el qué sucede, hay que hacer algo. Encontrar el cómo solucionarlo. 
Y es un error. La mayoría de las veces, lleva a respuestas simplistas.

Vamos a seguir pensando en cómo intervenir sobre esta realidad sin angustia ni evasión.
Recuerda: las madres S.C.R. (Síndrome Caperucita Roja) no seguimos caminos únicos.
Las madres S.C.R. creamos nuestros camino.

Comentarios

  1. Muy interesante el tema. También creo que las instituciones obligan a que todos los niños lleven el mismo ritmo, igual que en la vida adulta. Y esto a algunos les perjudica y les resta oportunidades de desarrollarse y brillar.
    Pero la parte de la supervisión no coincide con lo que veo a diario. Supongo que también varía mucho según la edad de la que estamos hablando. Yo soy madre de un niño de 4 años (ya su segundo año de colegio) y otro de dos (en casa conmigo), y mi experiencia es otra. Mis hijos, ambos pero sobre todo el mayor, son buenos negociadores. Es cierto que pasan poco tiempo en instituciones, el pequeño nada, sobre todo comparados con su entorno. Pero también es cierto que tanto yo como su padre los supervisamos y dirigimos en el sentido de corregir malos gestos y dar ejemplo en la solución de problemas y conflictos. En contraste, otros niños de nuestro entorno de las mismas edades son la mayoría más agresivos y menos empáticos, y por tanto nada negociadores. Coincide que algunos pasan más tiempo en instituciones, pero en todos coincide que tienen padres más ausentes, a veces aunque estén presentes. Padres e cuando estamos en el parque o en la plaza apenas supervisan lo que ocurre durante sus interacciones de juego libre, y rara vez intervienen. En los recreos del cole viene a ser parecido, por lo que me cuenta mi hijo (consecuencias también de la masificación y lo que tres profesoras pueden ver en un patio de 80 niños). El caso es que entre los niños acaba imperando la ley de la selva, en la que imponen su criterio los más fuertes físicamente o los más mandones, que a esa edad usan incluso amenazas matoniles para "convencer" a otros.
    ¿Coincide en algo con tu experiencia? ¿Crees que los impulsos naturales de los niños son a veces poco negociadores?

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    1. ¡Hola, y gracias por tu aporte!
      Creo que, como señalas, lo que ocurre en la familia define la educación afectiva que le permite –o no- resolver conflictos al niño. Desentenderse no es camino.
      Por otra parte, noto que la vida acelerada de muchas familias de hoy, dejan esta educación en manos de las instituciones. Es necesario retomar la tarea. La negociación se trata de un aprendizaje social. En este aprendizaje interviene la educación recibida en casa y lo que sucede en la situación de juego. Cuando el juego se realiza entre pares pero únicamente bajo reglas adultas, los niños no pueden explorar sus potencialidades y terminan generándose situaciones complicadas si no interviene el adulto.
      Es paradójico. Pues es esta intervención la que dificulta el aprendizaje del grupo.
      Una alternativa, y hablaré de eso en el próximo artículo, es cuidar el estilo de intervención adulta.
      No se trata tanto de dejar que se arreglen solos como de habilitar a que puedan hacerlo. Y para esto, la manera en que educan los padres, la manera en que educan las instituciones y la creación de grupos, entramados, de amigos, son básicos.

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    2. Gracias por la respuesta! Me interesa saber más sobre el tipo de intervención adulta que ayuda a los niños en su autonomía. La verdad es que yo le pongo mucha voluntad, pero me cuesta encontrar referentes a mi alrededor. La mayoría de padres (recientes o no, incluso ahora abuelos) que conozcon son de dos tipos: que los niños se arreglen entre ellos o que no den un paso sin que les esté soplando un adulto el cogote.
      Estaré atenta a que publiques sobre ello.

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