Falta de tiempo en la maternidad: ¿ese es el problema?

Tienes que saber algo: colecciono tiempo.
Hay gente que colecciona dinero. Otros, objetos nuevos. Yo colecciono el lento paso del tiempo mientras hago cosas que disfruto. 

Y claro, el tiempo se volvió escaso cuando nació mi hija. 
Soy madre sola y su único referente en casa. 
Pero fue recién al reintegrarme a trabajar que comencé a percibir ésto como un problema.
Madre en obra. Organizar tiempo

En busca de soluciones.

La primera solución para tener tiempo fue que mi hija se durmiera temprano. 

De esta manera, tendría un rato para organizar mi vida sin un mami, mami que interrumpiera.
Pero mi brillante solución le generó un problema en ella. No tenía sueño. O lo tenía, pero su necesidad de estar conmigo podía más. Lo cierto es que mi hija no quería dormir a la hora que le decía.

Podría haberla obligado, pero me di cuenta que no era bueno para nosotras terminar cada noche en ese tironeo agotador. Principalmente porque ella parecía competir para obtener un lugar en mi tiempo.

Hay niños a los que le da por llamar la atención haciendo escándalos. 
Mi hija llamaba la atención de otras maneras:
  • demoraba el ir a dormir contando mil veces lo que había hecho durante el día o en el jardín de infantes, 
  • o jugando un ratito más
  • o dibujando algo importante para regalarme luego.
¿Su objetivo? Encontrar puntos de encuentro para compartir las horas que coincidíamos en casa.
Así que, la solución fue quedando sin efecto. Porque sentí que ella sufría con mi determinación.

La segunda solución, fue buscar consejo.

Hablé con compañeras de trabajo y con otras madres para averiguar cómo solucionaban ellas su necesidad de tiempo personal. 
Me di cuenta que no a todas la falta de tiempo les afecta de la misma manera:
  • O no les importa la falta de tiempo, y los hijos permanecen despierto hasta muy tarde. 
  • O no se cuestionan el "te vas a dormir ahora", y solucionan así
La respuesta que recibía de ellas iba en la línea de:
  • “Ya va a crecer y se le pasará”
  • "Que se vaya a dormir y listo"
  • “Es la vida de ahora, aprovechen los fines de semana”
  • "Todas las familias de hoy viven eso"
Me querían, y trataron de calmar mi inquietud. 
Pero esta protección que querían darme llevaba a naturalizar la situación. Me enfrenté a una inmensa tentación: 
No escuches a tu incomodidad, y que se duerma.

 

¿Era un problema o no?


Si es un problema, tiene solución aunque esté oculta. 
Entonces me di cuenta: tomé como problema la falta de tiempo, algo que no era un problema. 
La escasez de tiempo es parte de la cotidianidad de trabajar y tener familia. Es una realidad, no un problema.
El problema era lo que ocurría con nuestros sentimientos.

Me di cuenta que no quería dejar de dedicarle tiempo a mi vida profesional ni dejar de tener tiempo para mi. Y tampoco quería que ella viviera su infancia con sentimiento de abandono porque yo no le dedicaba el tiempo que ella precisaba.
El problema no era "falta de tiempo".  
Era la contradicción entre lo que vivía con mi hija y lo que quería vivir. El estilo del vínculo que estaba creando y el que quería crear.

¿Cómo integrar la maternidad a la vida?

Una vez que identifiqué el problema (el estilo del vínculo entre nosotras), noté que se organizaban las "cosas" de diferente manera. Lo que necesitaba era encontrar herramientas para cambiar las consecuencias. 
¿Cuáles consecuencias? su sentimiento de rechazo rodeado de bienestar y mi sentimiento de falta de tiempo

Básicamente, las acciones que emprendí fueron:
  • Llegar a casa y estar sólo para ella, a pleno, jugando o lo que fuera, hasta la hora de preparar la cena. Nada de poner ropa a lavar, llamar a Fulana, etc.
  • Cuando preparaba la cena, ella se duchaba.
  • Pasada la cena, iniciaba el "horario de protección a los mayores". Durante ese horario acordamos que no se atienden niños (salvo enfermedad u otra situación extrema, obvio).
  • En ese horario sin niños (que comenzaba después de cenar), podía quedarse despierta en su cuarto durante media hora más (el "un ratito más"). 
  • Para saber cuándo debía ir a dormir, hice una raya en el reloj despertador: cuando la aguja grande llegara allí, tenía que acostarse y yo pasaba a darle el beso de buenas noches. Por lo general hasta nueve y media; nunca más de las diez de la noche.
  • Ese tiempo no podía solicitarme nada. Por tanto, lavado de dientes, cuento, etc. se hacía en el horario anterior. 
  • Luego, a la cama.

Tiempo al tiempo, MadreEnObra.

El cambio fue planteado de un día para otro, pero llevó tiempo enseñarnos a cuidar esa elecciónModificar hábitos, cuesta. 

A medida que íbamos ajustando la solución, fue surgiendo un cambio en nuestro vínculo.
¿La clave? 
No resignarme. 
Elegir aprender otra manera de vivir lo laboral y lo familiar

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