Las madres que llevo dentro.

1.- Eso de madre hay una sola, no va conmigo. 


Cargo con tantas madres como vivencias tengo con mi hija.
Soy madre paciente, comprensiva, promotora de sueños, contenedora. Y también soy controladora, castradora, obsesiva, persecutora.

¿Quién es comprensivo si al despertarse no encuentra al hijo? 
Iba a llegar de la fiesta a la madrugada, y no está en la cama. 
No hay mensajes en el celular, en el contestador, ni señales de humo. 
Nada de nada.
Madre en obra. Maternidad. Cuando al fin la encontré lo más pancha durmiendo en casa de una amiga, casi la como cruda. 
No me nació ser comprensiva, aunque a veces lo soy.

Conclusión: 

El madre hay una sola no va conmigo.
¿Y contigo?

Aceptemos lo múltiple, lo diverso. No sólo porque convivimos con otros seres humanos, sino porque esas "otras" que nos habitan surgen cuando tienen oportunidad.


2.- Aspiraciones de buena madre.


Durante mi embarazo leí muchísimo sobre maternidad, educación, cuidados del bebé. Estaba obsesionada por saber los secretos y transmutar en una madre de aquellas. 
Mi hija se merecía a la mejor madre del mundo. 

Entonces llegó el gran día: nació. 
Recibimos visitas. Cambiamos pañales. Y esa noche su padre quedó en el sanatorio conmigo. La acostamos en la cuna y yo me dispuse a dormir.
Empezó a llorar,
y llorar,
y llorar. 
Cambié pañales y di teta de nuevo. 
Nada.
El padre le hizo masajes por si tenía gases; volvió a cambiar pañales, auparla, mecerla.
Nada de nada. 

Sólo nos quedó tocar el botón rojo: ¡AYUDA!
Y llegó la enfermera de la noche: una vieja regordeta con cara de abuela de Sarah Kay. Con voz de "ñañañaña" bastó que la tomara en sus brazos para que la niña enmudeciera. 


Conclusión: 

Para llegar a ser buena madre -si existe esa categoría- no se estudia. Se practica.

3.- ¿A dónde quiero llevarte con estas anécdotas?


a.- A que una cosa es la imagen y otra la realidad.
Nuestra sociedad nos impulsa a vivir de imágenes y uno -por lo menos por cuestión de salud psico-afectiva- tiene, deliberadamente, que someter estas imágenes a juicio.
  • ¿Hay una sola manera de ser madre?
  • ¿Hay una mejor manera de ser madre?

Yo digo que no. Que una es lo que es y lo que puede decidir ser con lo que tiene.


b.- A que ser madre nos cambia la identidad.
No encontré información sobre este tema en los libros que leí sobre maternidad. 
Todo refería al niño y a lo que debía hacer como mamá para no lastimar su ser. 
La abnegada madre -ahora me doy cuenta- quedaba en un segundo plano. 

Pues eso es un mamarracho.

Uno debe amarse a sí mismo para poder amar a otro.
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Y asumir las consecuencias de ese amor.

En mi vida, la protagonista principal soy yo. En la vida de mi hija, es mi hija. Y en la tuya, debes ser tú. 

Vivir en función de los hijos limita el desarrollo de nuestro ser. Y, lo que es peor, justifica todos las humanas mediocridades que una carga (recuerda lo dicho en el punto 1 sobre las madres que nos habitan).

Errarum humanum est. Pero si sólo hay sitio para la madre perfecta, el piloto automático social esconde la multiplicidad que somos.

4.- Por último: la letra chica del contrato.


Hay que leer la letra chica antes de firmar.
Y la letra chica dice: 

Así como los padres tenemos derecho-obligación de hacernos cargo de nuestra vida, tenemos la obligación ética de no interferir en la de nuestros hijos y brindar las herramientas para que puedan hacerse cargo de la suya.


Qué quiero decir con esto: 

Uno no es madre cuando nace un hijo sino desde que nace un hijo y durante toda la vida. 

Como se señaló en el punto 2, los padres nos hacemos en la práctica. 
Pero los hijos crecen cada día. Es decir que aquello en que nos hicimos expertos porque practicamos durante el año pasado, este año nos sirve poco.

Necesitamos estar muy atentos a qué necesita nuestro hijo de nosotros en la etapa que está viviendo ahora. 
Hay un tiempo para cada cosa.

Esa es la clave.

¿La tarea? 
Actualizarse y, principalmente, practicar, practicar, practicar.

Estamos en obra permanente. Aún más,
Somos madres en obra.

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