Educar: dos estrategias para hacer que los cambios sucedan

Lo que voy a contarte es casi un secreto dicho a voces:
Todas las madres aprendimos a hacer que las cosas sucedan.
No hablo de hacer la cena con dos papas, transformar una cortina en disfraz de hada, u otras cosas maravillosas que saben algunas madres.

NO.
Las madres comunes, como vos y yo, también aprendimos a hacer que las cosas sucedan.
Aunque te parezca un cuento chino.
Y precisas recordar esa enseñanza a la hora de educar a tus hijos.


¿De qué enseñanzas hablo?
Madre en obra. Cambios. Milagros

De las que te enseñó mamá Naturaleza.

Toda madre recibe, de mamá Naturaleza y previo al nacimiento del niño, un curso intensivo para aprender cómo hacer que las cosas sucedan. 

El curso consta de dos grandes módulos:
  1. Hacer algo
  2. Hacer nada

1.- Primera herramienta: hacer algo.

¿Cómo te hiciste madre?
No digas "porque nació mi hijo".
Te salteaste una parte.

Sea el trámite legal para adoptar o el trámite biológico con el ahora padre del niño, hiciste algo que volvió posible el inicio de tu proceso de maternidad.

En muchas madres fue un acto meditado, planificado, decidido.
En otras, no tanto.

Pero el hecho es que todo inicia con un paso, como dice el refrán.
Paso que -por lo general- se olvida cuando llegamos al último, agrego yo.

Para que algo suceda, las madres tienen que actuar. Siempre es así. Tienes que recordarlo al educar:
Precisas hacer algo si quieres que cambie el vínculo entre tú y tu hijo.

Cuando este aprendizaje se olvida, las madres quedan esperando al reparador de sueños (¿conoces la canción de Silvio Rodríguez?)

¿Pero es que no entendiste nada?
Observa a quién quiere tu hijo junto a él cuando siente miedo, angustia, tristeza...

Tú eres el reparador de sueños.


Y no porque seas la mejor madre. No hay tal cosa.
No hay "mejor manera" de educar si no parte de ti misma.

Somos seres humanos que, cuando "evolucionamos" a madres, generamos un vínculo con nuestro hijo que es fundante para él y que, a nosotras, nos genera completud.

El cambio de lo que vives con tu hijo también depende de tu postura, y de recordar lo que aprendiste de mamá naturaleza: Hacer algo para que el cambio suceda.

Claro que no cualquier algo. Eso depende del contexto, las personas involucradas y a dónde quieres llegar.

Identifica tus propósitos.

2.- Segunda herramienta: hacer nada.


Hiciste algo que inició tu maternidad.
¿Y después?
¿No te tocó esperar?

¿Pudiste acelerar los meses del embarazo?
A los 3 meses ya tenías todo listo en casa, ¿nació el niño?
No.

Tuviste que esperar. No hay una manera -y espero que no la inventen- de acelerar el tiempo en que un niño se forma en el vientre materno.

El no hacer -o hacer nada- permite el milagro. 

La espera tiene mala fama.
¿Procrastinar? 
¿Te suena?
Y se usa para todo.

Un chiquilín está mirando el techo en lugar de estudiar y la madre le grita:
¡¡Dejá de procrastinar y ponéte a estudiar que tenés el examen!! 
Pará, madre, que mirando al techo Serrat escribió una canción maravillosa.

A ver.
No vayas a confundirte.
La procrastinación existe. Y es un mal terrible.
Pero sólo se produce procrastinación cuando estás en la etapa de hacer algo.
En la etapa de hacer nada ¡ni se te ocurra intervenir!
Podés estropearlo todo.

En la educación de tus hijos, identificaste tu propósito e hiciste algo.
Ahora da tiempo. Espera. 
Permanece atenta a lo que sucede, pero no insistas demasiado. Una vez que uno planta una semilla en tierra, no tiene que estar escarbando para ver si la semilla crece.

Ejercitá la confianza para que el cambio suceda.

Tu tarea al educar hijos en clave hacer/no hacer.


¿Se acuerdan cuando hablé sobre el querer lucirse al educar?
Es muy importante recordar que querer logros ya es un obstáculo. Puede llevarte a abandonar tu manera de criar hijos.
Para sostener la etapa de hacer nada y esperar mientras se gestan los cambios, necesitas recordar estas dos lecciones de mamá Naturaleza: hacer-no hacer.

En la espera del embarazo  no puedes hacer nada para acelerar el proceso. Pero sabes que ocurren cosas y debes esperar que ocurran Y es justamente saber que ocurren cosas lo que te lleva a crear las condiciones para que el cambio suceda. Durante el embarazo te cuidas de forma especial pues sabes que suceden transformaciones.

¿Te acuerdas todos los cuidados que tuviste?
  • Comida sana.
  • Cremita en la panza.
  • Chau cosas que pueden afectar al niño.
  • Hola libros sobre "qué hay que hacer".
Y esto último puede ser la perdición. Leemos tanto, tanto, tanto, que no estamos atentas al curso de formación intensiva sobre "Cómo hacer que las cosas sucedan".

Conclusión.


Mamá Naturaleza te enseñó dos claves para hacer que las cosas sucedan. 
Pero -ojo que esto importa-, todo es cuestión de práctica.

Cuando educas hijos, la transformación no sólo ocurre en ti. También en tu hijo. Y en el ambiente.
Educar exige practicar en "leer" lo que sucede con:
  • las personas
  • vínculos 
  • el ambiente,
Fortalecida por la práctica,
haz que las cosas sucedan.

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