¿Culpable o responsable?

Vale la pregunta aunque suene dura. ¿Te has puesto a pensar cuál de los dos rumbos vas a tomar?

Si lo tuyo es la culpa -y esto es así cuando, una vez detectado cómo te afecta, decides no hacer nada al respecto- este artículo te servirá de poco.
Pero si no lo es, continuemos.

Para volverte responsable conviene que antes conozcas al lobo de la culpa.
Madre en obra. Afectos. Culpa. Familia

1.- La culpa no es tu amiga.

Tendemos a conversar con el lobo de la culpa. Gran error.
No se habla con los lobos. Son animales seductores, maravillosos, fascinantes, y feroces.
Sí, los lobos atacan. Está en su naturaleza.

Así que, en lugar de pararte a pedir o dar explicaciones a la culpa, aprende a reconocer su presencia y mantén cierta distancia. Ponte a salvo.
No puedes evitar que aparezca. La culpa es un sentimiento: se siente o no se siente.

2.- La culpa no explica, indica.


La presencia del lobo de la culpa indica "algo anda mal".
Y, aunque muchas veces digo que no hay que apresurarse a tomar decisiones, en este caso sí.
Precisas ponerte a salvo porque permanecer cerca de la culpa durante un tiempo, es peligroso.

  • Te pones a salvo reconociendo la culpa. 
    • Precisas darte cuenta de lo que sientes y aceptar que lo sientes. 
  • Descubriendo qué es lo que la ocasiona. 
    • ¿Dónde se origina tu culpa? ¿Involucra a otros o únicamente a ti? ¿Qué impacto crees que puede tener? 
  • Por último, piensa qué hacer. 
    • Nada de buscar culpables. El camino es otro: hacerte responsable de lo que corresponda.

Reconocer la culpa, enfocar en lo que la origina, permite que no invada todo tu ser. La sientes, te duele, y aún así puedes observarla de frente para descubrir qué indica.

¿Y qué indica una culpa?

Qué se generó una situación que resulta contradictoria con lo que querés vivir.

La diferencia entre sentir culpa y detenerte a conversar con ella en medio del camino, está en la pregunta: ¿Qué es lo que indica esta culpa?

Voy a ponerte este ejemplo:

Hace unas semanas decidí comer sano. Cuando iba a comprar verduras, veo un anuncio de delivery. Volví a casa y llamé por un chivito. Apenas lo hice, sentí una culpa terrible. 
Y me puse a hablar con ella:
- ¿Sabés por qué sentís culpa?
- Sí, por el chivito que viene en viaje.
- ¿Y por qué lo compraste si querés adelgazar?
- Tengo hambre y no me gusta cocinar.
- ¿Pero no habías quedado que empezabas a cuidar lo que comías?
- Fue sólo esta vez, no lo hago más.
- Mentira, Vos no cambiás más. Cada vez que te proponés algo, bla, bla.


Mientras perdí el tiempo explicándome que no lo haría más, el chico llegó con el chivito.

3.- No hables con la culpa, hazte responsable.

En lugar de explicar, el cambio pasaba por reconocer el sentimiento (culpa);  descubrir qué la originaba (la compra del chivito); y pensar:

¿Qué puedo hacer ahora para reparar la situación que provoqué?

Ese tipo de preguntas te sacan del camino de culpabilizarse y te llevan al de la responsabilidad. (Responsabilidad proviene del término latino responsor; dar respuesta).
Y tienes que saber que reparar no refiere a volver las cosas a como eran antes. Lo que ocurrió, ocurrió. Pero reparar permite recomenzar el camino.

En el camino de la responsabilidad, ¿qué alternativas veo?

Podría ser: 
  • llamar y cancelar el pedido 
  • regalar esa comida a alguien
  • colocarla en el frezeer
  • otra alternativa para no comerla
En fin, MadreEnObra, si metes la pata (o ya la metiste) no sigas enredada en la culpa. Camina hacia la responsabilidad. Si no puedes encontrar ese camino sola, pide ayuda.
Pero intenta salir de la culpa.

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