Cuatro frases que hacen peligrar nuestros vínculos.


Este es un artículo para mujeres que no se asustan. 
Pretendo presentar 4 estupideces que hacemos muy a menudo, y llevan a lastimar a quienes más queremos. 
Sí. Voy a meter el dedo en la llaga.
Si te reconocés usando estas expresiones, te queda la posibilidad de elegir otra manera de vincularte.




1: Fui sincera y le dije todo lo que siento.


¿Y quién dijo que decir todo lo uno siente es ser sincero?

Eso está bien para un adolescente, pero no cuando uno es grande. 

Yo creo que

La cara oculta de la sinceridad es la crueldad, no la mentira.

Entonces, no vale decir: "La próxima, ¿miento?". 
Reducir todo a la mínima expresión esta vez no sirve; no estamos en matemática simplificando fracciones.

En estos casos precisás ver dónde estás parada. 

Cuál es la zona del bosque que transitás en este momento. 
Seguramente es una zona oscura y ves poco, así que no corras para el primer lugar que se parece a una salida.

Antes de decír todo lo que sentís, conviene averiguar desde dónde lo vas a decir. 
  • ¿Cuál es el sentimiento que predomina en ese momento?
  • ¿Rabia, amor, odio, culpa, vergüenza, felicidad, etc.?
  • ¿Precisás canalizar esa emoción?

Quien va a escuchar todo, es un ser humano.
Y los seres humanos tenemos nuestro corazoncito.
Así que, cuidá el modo de decir lo que tengas que decir. 
Para esa persona, saber lo que sentís puede ser algo muy bueno o muy malo.

Por ejemplo:
Si el sentimiento desde el que hablás es el amor, seleccionás palabras, tonos de voz, imágenes, recuerdos muy diferentes a cuando te motiva a hablar la rabia.

¿Sugerencia?


1.- Antes de hablar chequeá qué estás sintiendo. Fijate si precisas canalizar lo que sentís. (Por ejemplo, si estás con rabia, pegale a un almohadón; jaja, así no tenés tanta fuerza para gritar).

2.- Antes de hablar, seleccioná uno o dos puntos de tooooodo lo que querés decir. Ya llegará otra oportunidad para volver a hablar.
Acordate del refrán: Quien mucho abarca poco aprieta. 

3.- Cuando vas a hablar, preguntá a la otra persona si es un buen momento. Parece una tontería y es clave. 
Por ejemplo, si precisás hablar con tu hijo, no lo podés hacer mientras está chateando con sus amigos. Le pedís audiencia, o como quieras llamarle. Y, cuando hablen, si querés incluís el tema de chatear con los amigos. Pero nunca conviene cortar una actividad del otro para plantear un tema serio.

4.- Mientras hablás, tené en cuenta al otro.
Cuidate tú, y también cuidá al otro. 
Cuidá las palabras y también los recuerdos que traés a la conversación.

Y, principalmente, cuidá de hablar lo que te interesa. 
No te vayas por las ramas. 


2: Siempre fui así. A esta altura ya no puedo cambiar.


Ah, bueno. Entonces no vayas a la peluquería, ni a la tienda, ni nada. Si estás igualita a cuando naciste.

Lo que la frase dice es un yo hago lo que se me canta.
Eso es lo que indica el no puedo cambiar. 

Soy de las que creo que, por lo general, nadie cambia por otro.
Nadie.
Ni la mamá por los hijos ni al revés.
Y en las parejas, tampoco uno cambia por otro.

Esto no indica que uno no decida cambiar lo que otro le hace notar.
Indica que la decisión, por sí o por no, es de una.
(Tené esto presente porque si elegiste cambiar algo, después no lo uses diciendo "yo, que cambié toooodo por vos").

Voy a explicar este laberinto: 


En el vínculo uno descubre cosas que al otro le molestan, por ejemplo; el humo del tabaco.
Uno discierne teniendo en cuenta el afecto que siente por el otro. 
Y pueden pasar diversas cosas:

  • que uno elija transformar ese hábito (dejo de fumar)
  • que elija transformar un aspecto del hábito (fumo afuera de casa)
  • que elija no transformarlo (y aquí el otro decidirá que va a hacer con esta decisión).
  • otras elecciones, (por ejemplo; quiero dejar de fumar para que no afecte la convivencia, pero no puedo sola; así que pido ayuda a un profesional)

Del dicho al hecho hay un gran trecho


En nuestro imaginario se nos cuela que, si llegamos a un acuerdo, se produce un cambio.
No.
Nunca los acuerdos llevan a un cambio. Lo que lleva a cambiar son las acciones que elegimos realizar para que se concreten los acuerdos.

Esto quiere decir que, cuando el otro decide cambiar (dejar de fumar, por ejemplo), no indica que el hábito cambie de la noche a la mañana.
Pero sí que inicia acciones que le llevan por ese camino.

¿Sugerencias?


1. No digas la frase "no puedo cambiar" sin antes discernirlo.
2. No pidas cambios como si fueran caramelos. 

Las personas caprichosas no tienen en cuenta cómo afecta al otro tanta exigencia. 

Como dice la canción de Serrat Soy sinceramente tuyo.
Nunca es triste la verdadlo que no tiene es remedio.

3: No pidas que me calme.


Sea como sea la situación a aclarar, si viene entre gritos, no se aclara.
Es una estupidez creer que porque gritás más fuerte, entenderán mejor lo que querés decir.

Y no por ser estupidez, una deja de hacerlo.

Un ejemplo es cuando le explicamos algo a gente que no habla nuestro idioma.
Empezamos a subir el tono de voz, como si el obstáculo para comunicarnos fuera el volumen y no el código diferente que usa cada uno.

Entonces:
Si la persona con quien hablás no es sorda y gritás, quiere decir que -en ese momento- hablan idiomas diferentes.

¿Sugerencias?


Creo que esperar a volver al idioma en común puede ayudar.
Es decir, dejar la conversación para más adelante.

No un más adelante difuso: para tal día a tal hora en tal lugar.
Y, pensando en no estropear el vínculo, respetá lo decidido.

(Otra sugerencia, tomate un té de tilo antes, jajaja).

4: Sé de qué hablo.


Esta afirmación, que es genial cuando uno tiene que dar una charla sobre X tema, es pésima en lo vínculos.

Quizá soy yo, pero me suena acusatoria.
Me veo sentadita en un taburete tratando de explicar una situación increíblemente absurda. Ante cada hilo argumental que intento, cae la sentencia "Eso no puede ser porque bla, bla. Y sé de qué hablo".

Además es terriblemente soberbia, es decir, muy útil para cerrar toda posibilidad de aclaración.
Porque, si ya sabés, ¿para qué preguntás?
Y si no sabés, ¿por qué no creés lo que digo?

No es una frase que me anime a dialogar. 

Lo curioso es que, aún siendo una frase que me desagrada tanto, la he usado más de una vez.
Principalmente se me cuela en conversaciones que buscan resolver conflictos de intereses.

¿Sugerencias?


Ejercitar la capacidad de confiar.
Incluso las cosas absurdas e increíbles pasan en la vida de una persona.
Y no siempre quiere indicar engaño, falta de amor, otra mujer o lo que sea.
Nada.
Entonces, antes de abrir los ojos, no te olvides de despertar a la confianza.

Conclusión


Mirá mi querida MadreEnObra: que yo hable de estas cosas no indica que nunca meta la pata.
Es justamente el saber la inmensa cantidad de veces que pongo en peligro vínculos con quienes quiero, que me llevó a escribir este artículo.

Vivir en la misma casa no es señal de buen vínculo.

precisamos aprender a resolver los conflictos que trae la convivencia.

Y, para ello, no queda otra que tener como norte el deseo de encontrarnos de corazón con el otro.

Nunca hables cosas serias por whatsapp o similar. 
Pienso ahora en una película argentina que vi: Un amor en tiempos de selfies.
La tecnología puede ir contra el encuentro.

Mucho ánimo en esta tarea.
Y nos vemos en la próxima, para seguir hablando sobre cómo ir haciéndonos a nosotras mismas.

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